Publicado el Viernes 11 de julio de 2008
  Edición No. 956
| Inicio | e-mail | Foros | Favoritos | Buzón | ? |
Secciones  
Sólo para ellas
Sólo para ellos
Ventana abierta
Por la sombrita
Esta semana
Conversación
Finanzas
Belleza
Salud
Lista de Ellas
Diario de mamá
Moda
Evento
De la cocina
Horóscopo
Ediciones anteriores
Suplementos  
Martes Financiero
Pulso de la Nación
Recetario
AprendoWeb
FINANZAS
Estilo de vida consumista
José S. Canto A.

El "estilo de vida", un complejo concepto, apareció en Europa en 1939 y no antes, pues todo parece indicar que las generaciones anteriores eran sociedades relativamente homogéneas. Desde finales de la década del 70 y hasta principios de la actual, el estilo de vida se ha estudiado profusamente desde diversos ángulos. Toffler, Rifkin y otros futuristas han predicho una explosión de los estilos de vida, los cuales han sido denominados "subculturas", debido al aumento de la diversidad de las sociedades postindustriales y el mismo fenómeno, proporciones guardadas también existe en nuestro país.

Al hablar de estilos de vida, hablamos de un concepto que puede ser visto desde la perspectiva de diversas ciencias. En epidemiología, el estilo de vida o hábito de vida, es un conjunto de comportamientos o actitudes que desarrollan las personas, que unas veces son saludables y otras son nocivas para la salud. En sociología, un estilo de vida es la manera en que vive una persona o un grupo de personas. Esto incluye las relaciones personales, los patrones de consumo, de hospitalidad, y la forma de vestir y de hablar. El estilo de vida también refleja las actitudes, los valores o la visión del mundo de un individuo. Así puede haber un estilo de vida consumista, budista, saludable, nocivo, ecológico, etc.

Al margen de las anteriores consideraciones, es obvio que cualquiera que sea el estilo de vida escogido, tiene que ser ‘pagado’ con dinero propio o con dinero ‘prestado’ (endeudamiento) y puede ser muy costoso si éste es consumista. El consumismo es un orden social, económico y psico-sociológico, basado en la creación sistemática del deseo de poseer bienes materiales y éxito personal, en cada vez más grandes cantidades. El consumismo promete una vida mejor a todos aquellos que trabajan cada vez más fuerte, pero quizás a lo que nos lleva es a una inestabilidad social, económica y socio-psicológica, que tiende a destruir el propio sistema consumista y sus adherentes. Este estilo de vida nos obliga a trabajar más, en busca de eso que quizás no sabemos qué es a ciencia cierta, pero que creemos que nos hará sentir felices, satisfechos, y que al final hace que nos preguntemos si hay algo malo en nuestras vidas, pues no nos sentimos como imaginábamos. Basta y sobra con ver la gran cantidad de gente que jamás tiene tiempo para nada, siempre anda aprisa, quizás con hijos con problemas psicológicos o sociales graves y, por supuesto, con problemas financieros generados por un gasto excesivo o desmedido. No se sienten felices aún teniendo en exceso, pero necesitando comprar, tener, vivir emociones fuertes para sentirse diferentes y al mismo tiempo que pertenecen a algo.

Un estilo de vida consumista puede hacer que parejas casadas y familias encuentren que hay poco tiempo para estar juntos, porque están muy ocupados siguiendo los agitados calendarios de sus vidas. Se vive deprisa, de la cama al trabajo o a la escuela, luego a actividades vespertinas y de nuevo a la cama. Estas personas trabajan sobretiempo, participan en numerosas actividades extracurriculares en la escuela, y atienden a tantos eventos sociales como pueden apiñar en sus calendarios. El resultado es que a menudo tienen que robarse una hora o más de sueño cada noche. Están crónicamente cansados y cuando en raras ocasiones encuentran tiempo libre ellos probablemente se sientan exhaustos frente a la televisión, los videos o la computadora. Es un estilo de vida poco hospitalario, que atenta contra el tiempo de interacción personal, que es el tiempo verdaderamente descansado y restaurador. Las personas atrapadas por el consumismo irracional pierden su identidad y originalidad al no poder diferenciar lo verdaderamente importante de lo superfluo. Confunden el ‘ser’ con el ‘parecer’. Esto es tan grave y lo observamos en miles de personas a las que si les pregunta ‘¿quién es usted?’, le dirán ‘soy el dueño del Ferrari’, ‘el gerente de X firma’, ‘el de la ropa o zapatillas tal’ ya que no son por ellos, sino que parecen ser por aquello que poseen o hacen.

Trate de vivir consciente de que quizás esa carrera loca que hoy ha emprendido por el éxito y el dinero, quizás no es su idea, sino la que otras gentes a quienes usted no les importa nada, han impuesto en su vida y pensamientos. Sea genuino, humilde, y revise sus valores personales y descubrirá en el consumo moderado una nueva vida, llena de satisfacción y de reales logros personales.

• El autor es asesor financiero personal
ellasconsulta@prensa.com


 
 
 
Corporación La Prensa - Todos los Derechos Reservados 2007