El coraje de una madre
Todos los días, a las 5:00 de la mañana, empezaba la cruzada diaria de la madre de la secuestrada por las FARC, Ingrid Betancourt. A Yolanda Pulecio su lucha le ganó el apoyo de miles de colombianos pero también detractores.
Lineth O. Del Cid T.
Si bien faltaban unos cuatro escalones para pisar tierra firme, Yolanda Pulecio no aguantó más. Corrió para topar a su hija Ingrid Betancourt, quien junto a otros 14 secuestrados volvía luego de pasar más de seis años de cautiverio en la selva colombiana en manos de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, FARC.
Con el primer abrazo y un par de besos, los primeros de muchos, Pulecio puso fin a una cruzada que empezó el 23 de febrero de 2002, al levantar el teléfono para informarle a sus nietos, Melanie y Lorenzo, radicados en Francia, que Ingrid, candidata entonces a la Presidencia de Colombia, había sido secuestrada.
A partir de esa fecha, Pulecio se vio inmersa en una lucha que la enfrentó a las autoridades gubernamentales y militares de su país, hizo alianzas con gobernantes no autorizados por el Gobierno, y contó con el apoyo de su pueblo y de otros pueblos donde se crearon comités para exigir la liberación de Ingrid Betancourt.
> Un eje de coraje
Mientras Betancourt se enfrentaba en la selva a sus opresores, su madre, en la civilización, se movía en los pasillos del gobierno de Andrés Pastrana y de su sucesor Álvaro Uribe, así como por los palacios de otros gobiernos y de la diplomacia internacional.
Yolanda Pulecio Vélez nació en Colombia en 1939. En 1955 participó en el Reinado Nacional de la Belleza por el departamento de Cundinamarca, y formó un hogar con Gabriel Betancourt.
En 1958/1959 fundó Hogares Infantiles, una fundación para luchar por los niños pobres bogotanos conocidos como gamines. Años más tarde nacieron sus hijas Ingrid y Astrid, y debido a la carrera
profesional de su esposo como director adjunto por Colombia en la Unesco, la familia se trasladó a un suburbio de París.
En 1966 regresan a Colombia. Su esposo toma posesión de la cartera de Educación para el gobierno de Carlos Lleras, y el alcalde de Bogotá, Virgilio Barco, la nombra a ella directora del Departamento de Bienestar Social de la ciudad, una tarea que abandonará para regresar en 1969 a París, donde su esposo fue nombrado embajador ante la Unesco. Debido a estas estancias europeas sus hijas estudian en liceos franceses y británicos.
La familia regresa a Bogotá a mediados de 1970, una decisión que le lleva a tomar nuevamente las riendas de sus albergues infantiles y de su carrera política. En esa época se divorcia de Gabriel Betancourt. Aunque gana un puesto como concejal, la presión social mina sus fuerzas y acepta un cargo en la sede diplomática colombiana en Francia.
Para mediados de 1980, Pulecio regresa definitivamente a su país. Es elegida como representante de la Cámara y apoya la candidatura de Luis Carlos Galán, organizando, en 1989, sus giras por Cundinamarca. Las notas periodísticas señalan que para el 17 de agosto de 1989 Yolanda Pulecio fue la persona más cercana al dirigente liberal Luis Carlos Galán al momento de su homicidio.
En 1990 Pulecio fue elegida para el Senado y según una nota del diario El Espectador, ‘en 1991 la Asamblea Constituyente revocó el mandato del Congreso’. Entonces ‘mamá Yolanda’, como es conocida, concentra su tiempo y esfuerzos en mantener los cuatro albergues, ganando más adeptos a su campaña social, además de acompañar a su hija Ingrid en sus primeros pasos en el ruedo político. Una información publicada en marzo de 2004, en El Espectador, recuerda que el relevo entre madre e hija se produce en 1994. ‘Desde la muerte de Galán ya no tengo la energía ni la fe. Me retiro de la política. ¡Lánzate, Ingrid! Este es el momento’, le insistió a su hija, quien en marzo salió elegida a la Cámara.
Pulecio se refugia en la familia y acompaña, asesora y celebra las victorias políticas de Ingrid hasta el 23 de febrero de 2002. Como era habitual, madre e hija hablaban por teléfono, mas ese día Yolanda no encuentra a Ingrid. Llama al alcalde de San Vicente del Caguán para saber de la comitiva, y la respuesta es el anuncio de que ha sido secuestrada por las FARC. Otra vuelta para la vida de Yolanda Pulecio Vélez.
> Obstáculos y encuentros
Para crear sonrisas en el rostro de la madre solo falta mencionar el 2 de julio pasado, fecha que la lleva al paraíso, el día en que solo debe extender la mano para tocar el rostro de su hija. Atrás quedan las horas de lucha, de viajes dentro y fuera de Colombia para crear conciencia en diferentes frentes de la tragedia de los rehenes secuestrados.
La mujer que se atrevió a caminar por las calles de Bogotá dando aliento a los gamines, se forjó así para su nueva lucha, en la que por seis años gana adeptos a su causa y detractores. Se reúne con presidentes, secretarios de organismos internacionales, asiste a cumbres de mandatarios y tomas de posesión presidenciales; en cada escenario habla de los rehenes, de la privación de la libertad, de las largas jornadas por la selva y del minar poco a poco de la autoestima y del espíritu de sobrevivencia de los secuestrados. Sus palabras y su actuar la llevan a enfrentar a los mandatarios colombianos de turno, y a replicar ante las acusaciones de altos mandos militares y políticos.
Se reúne con el presidente de Venezuela Hugo Chávez y junto a él crítica la posición del presidente Uribe, una escena que le gana contrarios. Es enfática en las entrevistas periodísticas al hablar de la postura de la guerrilla cuando pierde terreno, de lo crueles que se vuelven con sus rehenes y de que teme por la vida de Ingrid y de los miles de secuestrados.
Un mes después del secuestro de Ingrid, su padre Gabriel Betancourt Mejía murió en Bogotá. En cada una de las pruebas de vida que entregó Ingrid, recordaba a su padre, una de las personas que más influyó en su vida.
Pulecio critica las maniobras gubernamentales para la liberación de los rehenes y propone celebrar conversaciones con los guerrilleros de ‘las que surja un acuerdo humanitario, que es la única forma de obtener su liberación’. Objeta cualquier ‘operativo militar para dar con los secuestrados’, declara a Clarin. com en marzo pasado. Apunta, además, ‘nos sentimos impotentes ante la falta de interés y de humanidad que ha mostrado el presidente colombiano [Álvaro UribeI’, señala en una entrevista con un diario colombiano.
Se hizo costumbre para Yolanda Pulecio V. hablar frente a un micrófono radial para enviarle cada día, a las 5:00 de la mañana, un mensaje de fortaleza y apoyo a su hija. En esos pocos minutos la madre le cuenta de sus hijos, de la familia, de las nuevas tácticas y de los encuentros con los aliados.
Durante los años de cautiverio las FARC exigen a Ingrid en tres ocasiones enviar a su familia una prueba de vida. El 30 de noviembre pasado el Gobierno intercepta seis cartas y cinco videos de los secuestrados. Cuando Yolanda Pulecio ve en las imágenes a su hija no puede contener el llanto.
Un mes antes, en una carta publicada en medios locales colombianos, Ingrid le cuenta a su madre lo que le hace feliz, esas escuchas a las 5:00 de la mañana con mensajes de Melanie y Lorenzo, de Astrid, de sus sobrinos Natasha y Stanis. ‘La vida aquí no es vida, es un desperdicio lúgubre de tiempo’.
Entre líneas Ingrid establece su vivir, la pérdida de todo lo material (‘todo me lo quitaron’) y de su autoestima (‘Cada día me queda menos de mí misma’). La madre renueva fuerzas.
En febrero pasado Pulecio escribe una carta para responder a la prueba de vida enviada por Ingrid Betancourt: ‘Me da mucha alegría saber que mis mensajes te ayudan a sobrevivir la experiencia tan espantosa que estás pasando’.
La madre de Betancourt se ha reunido también con Fidel Castro y Cristina Kirchner; ha mantenido entrevistas personales con Nicolás Sarkozy, de Francia; con la teniente alcalde de Roma; con presidentes de varios países europeos, así como con secretarios de organismos no gubernamentales. A cada uno le plantea su temor de operativos militares para liberar los rehenes, lo que ella llama, por parte del Gobierno, ‘anteponer consideraciones políticas a las humanitarias’.
Ante la teniente alcalde de Roma, Maria Pia Garavaglia, Pulecio cuenta que habla con su hija Astrid varias veces al día, especialmente ‘para animarse mutuamente frente a la tristeza que les producen algunas decisiones del Gobierno colombiano’.
Son este tipo de comentarios los que la llevan a enfrentarse al presidente Álvaro Uribe y sus partidarios. El año pasado la revista Semana publica una entrevista con Yolanda Pulecio para rebatir las declaraciones del general Freddy Padilla de León, comandante general de las Fuerzas Militares, quien la responsabiliza de que ‘Ingrid sea la joya de la corona para las FARC’, alegando que por su ‘comportamiento’, la candidata a la presidencia no había sido liberada, como sucedió en febrero pasado con Clara Rojas, opinando que la madre de Rojas tuvo un mejor desempeño.
En su defensa, Pulecio sustenta ‘lo primero que tengo que decir es que él, por el cargo que ocupa, no tenía derecho a hacer ese comentario. Los militares no tienen por qué ofender a los familiares de los secuestrados’. Luego pasa a enumerar los tres factores por los que Ingrid es valiosa para las FARC: ‘En primer lugar, que ella [IngridI había sido una senadora que alcanzó la más alta votación en las elecciones al Congreso, y que era una candidata a la Presidencia de la República. En segundo lugar, era una autora famosa en Francia por su libro La rabia en el corazón, que fue un best seller; y en tercer lugar, ya tenía la doble nacionalidad, por lo tanto no fui yo la que la volvió francesa. Es por esos tres factores que mi hija se volvió un símbolo mundial’.
Pulecio tomó el cartel de madre de un secuestrado por la guerrilla colombiana y luchó por la liberación de Ingrid y de los otros, más de tres mil. Tenía fe y confianza en Dios y en la Virgen María, así como en las artes de la diplomacia y del diálogo humanitario. En la entrevista para Clarin. com, el periodista Mariano Zucchi le pregunta: ¿Siente que no tiene seguridad? A lo que Pulecio contesta: ‘No, ninguna. Y me preocupa también la seguridad de la senadora Piedad Córdoba que está haciendo un gesto humanitario. Es muy peligrosa la situación aquí [ColombiaI. No volví a salir a ninguna marcha ni a ningún acto que me exponga porque quiero estar bien para la salida de mi hija’. |