Publicado el Viernes 11 de julio de 2008
  Edición No. 956
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ESTA SEMANA
Guantes femeninos

En una noche de boxeo profesional, las mujeres tienen su espacio dentro y fuera del cuadrilátero. La experiencia es toda una aventura.

VANNIE ARROCHA MORÁN

Hay quienes dicen que el béisbol es el deporte de los panameños, otros que es el fútbol con su ‘marea roja’. Sin embargo, hay uno que durante décadas ha despertado gritos y apuestas: el boxeo.

El miércoles 2 de julio, los aficionados a este deporte acudieron al Centro de Convenciones Atlapa para ver una cartelera boxística de ocho peleas.

Aunque entre el público los hombres eran mayoría, el número de mujeres no era poco.

Además de las azafatas, vestidas con microshorts, que ofrecían algún producto comercial, o aquellas que se subían al ring con cartelón en mano para anunciar los asaltos, hubo un significativo número de mujeres (alrededor del 25%) en las gradas, y a ellas se sumaban las féminas dentro del ring. Dos de las ocho peleas de la cartelera fueron disputadas por cuatro mujeres.

> La aficionada

A las 7:00p. m. , en las bocinas del salón Taboga de Atlapa, sonaba Ojos Chinos de El Gran Combo. Llegaban familias con niños, y hombres desde adolescentes hasta jubilados, que acudían solos, en grupos de amigos o con sus parejas.

Entre las mesas del área VIP una embarazada se abría paso entre las sillas.

Sentada en las gradas estaba Marquela de Coward con su esposo. Ese día ella cumplía 62 años, y como ambos son aficionados al boxeo, decidieron celebrarlo a orillas del cuadrilátero.

‘Emocionante’ es como ella describe este deporte, que en su caso es asunto de familia porque ‘mi difunto hermano, Gilberto Moyo Illueca, fue campeón en Panamá’.

Pero aun cuando las mujeres sean aficionadas, a muchas las incomoda ver a una chica sobre el ring. De Coward considera que este deporte es muy rudo para las mujeres.

> Los guantes no son de seda

‘. . . Que tú me tienes temblando de noche y de día/ Tú me hiciste brujería/ Me quieres mandar pa' la tumba fría. . . ’ Las campanas interrumpieron la canción y anunciaron la primera pelea de la noche. Las protagonistas eran Alis La China Sánchez, de 126 libras, y Yesica Pérez, de 128 libras, quienes tenían una pelea pactada a cuatro asaltos.

La primera en subir al ring fue Pérez, de Colombia, quien saludó al público tímidamente y lucía una falda estilo porrista en blanco con rojo, mientras que la venezolana Sánchez, vestida con camiseta deportiva blanca (guarida de sus protectores de pecho) y pantalón dorado, apenas pisó el cuadrilátero saltó levantando sus puños, buscando el apoyo de los asistentes, y la gente, con gritos, le hizo sentirlo.

Pérez sorprendió a Sánchez —quien sabiamente había recogido su cabello en trenzas— en el rostro. La venezolana reaccionó buscando el cuerpo de su contrincante y descargó sobre él una tanda de puños. El público atendía en silencio.

A mi lado pasó una salonera y preguntó ‘¿cuántas cervezas quieres?’.

Transcurría el segundo asalto, cuando el combate fue detenido y La China Sánchez fue declarada ganadora por knock-out. Con este triunfo, Sánchez incrementa su palmarés a tres peleas ganadas.

El tercer encuentro de la noche fue entre Ogleydis La Niña Suárez, de 122 libras, y Diana Ayala, de 126 libras. Esta última llegaba como favorita al ostentar el invicto en seis combates.

La pelea constaba de seis asaltos, de dos minutos cada uno.

Suárez, de Venezuela, al quitarse su capucha negra recibió silbidos y piropos por su atuendo negro de ribetes dorado.

Aunque Ayala, colombiana, era notoriamente más pequeña que su contricante conectó varias veces su rostro. La Niña supo reponerse a los ataques y neutralizarla con su mano derecha, pese a que su cabello, en una cola de caballo, le causó problemas.

Sin lugar a dudas, La Niña ya había conquistado al público masculino, que alzaba sus voces para animarla a golpear ‘en el rostro, en el cuerpo’.

Al culminar el sexto asalto, los jueces votaron 59 por 55, 59 por 55, 60 por 54, a favor de La Niña Suárez.

Aunque con ambos combates femeninos el público no vibró ni se puso de pie como cuando peleó Luis El Nica Concepción, la gente observó atenta.

De Coward, a pesar de manifestarse en contra del boxeo femenino, señaló que, a su juicio, la mejor pelea femenina del evento fue la disputada entre Alis Sánchez y Yesica Pérez.

> Palabras de una ganadora

Luciendo un moretón en su ojo izquierdo, Ogleydis La Niña Suárez afirma que el boxeo le está brindando la oportunidad de un mejor futuro para ella y su familia. Sonríe y muestra sus frenos y agrega que su trabajo de ortodoncia se lo ha podido pagar gracias al boxeo.

La boxeadora está ganando entre 900 y mil dólares por pelea. Y dice ‘salgo a la calle con mi cara bien en alto, porque el moretón no es porque un hombre me pegó, sino porque soy boxeadora profesional y pocas mujeres lo son’.

Ayala, la rival de Suárez, la superaba en peleas y victorias, sin embargo, ella asegura no haberle tenido temor a su contrincante. ‘Nunca le tengo miedo a mis rivales. Soy consciente de que ellas no son más que yo, ni yo más que ellas, por eso me preparo a conciencia’.

Mientras La Niña contestaba las últimas preguntas, los admiradores aguardaban para fotografiarse con la campeona, incluso una mujer le pidió autógrafo.

La Niña Suárez debutó el 7 de diciembre de 2006 en Panamá, porque en Venezuela no se ha legalizado el boxeo profesional femenino.

> La barra familiar

Si entre el público hay un grupo de mujeres que grita, salta y vocea instrucciones durante la pelea, lo más probable es que uno de los contrincantes sea sangre de su sangre.

Antes de que Ogleydis Suárez y Diana Ayala se enfrentaran, se llevó a cabo la segunda pelea de la noche, que enfrentó a Antonio El Gordo Fernández con José Corrales.

Un grupo de mujeres con cintas amarillas con violeta (que decían ‘El Gordo’), amarradas en la frente, gritaban y saltaban cada vez que Fernández, con un rapidísimo movimiento de cadera, esquivaba los golpes de su contrario o cuando conectaba su puño en el cuerpo de Corrales.

En efecto, entre esta mujeres estaban su madre y hermanas.

Aunque El Gordo, de 20 años, perdió por decisión dividida, fue uno de los boxeadores con mayor barra. Su madre Magaly Fernández explica que esto se debe a que ‘todos sus familiares lo apoyamos. Y los vecinos pedregaleños que viven cerca de nosotros siempre vienen a apoyarlo’.

Presenciar una cartelera boxística, a pesar de no ser fanática de este deporte, es algo que las mujeres deben vivir, aunque sea una vez en la vida.


 
 
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Guantes femeninos
 
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