Publicado el Viernes 18 de julio de 2008
  Edición No. 956
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¿Quién come, los autos o la gente?
Julieta de Diego de Fábrega

No puedo poner en este artículo mucha información técnica acerca de la producción de biocombustibles porque no la conozco, sin embargo, tengo ojos en la cara y puedo ver que actualmente se está dando una tendencia muy marcada de redirigir las cosechas que tradicionalmente se habían usado como alimento –como el maíz- hacia la producción de combustible. En otras palabras, ahora los autos comerán el producto de la tierra y no los humanos.

No conozco cuántas hectáreas de maíz que ahora se dedican a la producción de alimentos serán dedicadas a la producción de etanol, no sé cuánto subirá el precio del maíz que se usa para alimentar animales (cerdos, gallinas, etc. ) trayendo como consecuencia que el precio de las carnes de estos animales sea más alto para el consumidor, de hecho, creo que es bien difícil predecir a cuánto llegará el costo de estos insumos, porque además de que los carros están solicitando más y más alimento mucha de la tierra dedicada a la agricultura de ahora en adelante se dedicará a los bienes raíces.

¿Por qué no? Es mucho más productivo un metro de construcción de una barriada que una hectárea dedicada a actividades agropecuarias que requieren de una inversión en trabajo y dinero muy grande. Es bien sabido que los promotores de bienes raíces no se levantan a las 4:00 de la mañana para supervisar el ordeño del ganado o recorrer sus fincas antes de que salga el sol.

De que estamos acabando con el planeta no cabe la menor duda, de que tenemos que hacer cambios en nuestros hábitos de consumo tampoco y por esto las opciones ‘verdes’ vale la pena estudiarlas, sin embargo, ta difícil que los científicos puedan pensar si están muertos de hambre.

Yo voy al supermercado todas las semanas y me espanto al ver los aumentos desmesurados en los costos de productos que son básicos en la dieta de las familias, y esto no es solo en Panamá, es en todo el mundo. Los nutricionistas nos indican que debemos comer más frutas y vegetales, pero el precio de los mismos es inaccesible para muchas personas cuyo presupuesto de comida tiene que estirarse para comprar una libra de arroz Compita, dos salchichas, porque no alcanza para la carne, y algo más que llene el espacio vacío que queda en el estómago.

Y no es que los productores se están haciendo millonarios, no señor. Es que a cada plátano que se transporta desde Darién hay que sumarle un real en diésel o gasolina y al paso que vamos pronto será un dólar y a cada papa que traemos de Chiriquí igual debemos aumentarle el precio de venta al consumidor, porque no hemos inventado un aparato para teletransportarlas sin usar camiones que se alimentan de combustibles derivados del petróleo.

A mí me da la impresión de que los gobernantes están sentaditos en su silla viendo la vida pasar como una película que ellos solo pueden ver, pero en la que no pueden actuar. Yo digo que si quisieran podrían convertirse en actores. Podrían, por ejemplo, empezar a pensar en promover la creación de formas alternas de generación de energía sin quitarle el pan de la boca a la gente. Me dirán que lo están haciendo... es posible, pero siempre muy tarde, porque vivimos de cinco en cinco años en lugar de pensar en bloques de cincuenta años.

De seguir así, pobre de la gente que ande dando vueltas por este país dentro de cincuenta años, estarán como los sobrevivientes de las películas esas de Mad Max, habitantes de un desierto.

Comprendo que es difícil encontrar el balance entre proveerle al hombre lo que necesita sin destruir el planeta, porque la verdad sea dicha, el ser humano es el peor depredador que existe sobre la faz de la tierra, pero ya para estas alturas algo deberíamos saber. ¿Será que estamos como el trío de los monitos con los ojos, la boca y los oídos tapados?


 
 
 
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