Periodista en la embajada
La esposa del embajador de Francia en Panamá se ha alejado del periodismo para asumir de lleno su rol diplomático, pero mantiene tres libros en el tintero.
Ileana Pérez Burgos
El 4 de noviembre de 1980, la Embajada de Estados Unidos en México había organizado un coctel para seguir en circuito cerrado la noche de las elecciones presidenciales entre Ronald Reagan y Jimmy Carter. El evento fue corto porque la victoria de Reagan fue abrumadora. ‘Por desgracia le ganó muy rápido a Jimmy Carter, que es una persona lindísima’, recuerda Marie-Carmen Boue-Guignard.
Ella era entonces la jefa de prensa de la Embajada de Estados Unidos, y no llevaba aún el apellido Guignard.
Pierre Henri Guignard había llegado al evento en representación del embajador francés y le llamó la atención Marie-Carmen. ‘Ver a una mujer guapa que conocía de política’, dice confesando que le atrajo su personalidad fuerte ‘y esa manera de ver las cosas’.
Descubrió además que si bien ella era mexicana, su padre era francés, por lo que tenían un idioma y cultura en común.
El hoy embajador de Francia y su esposa cumplirán en unos meses 27 años de casados, de los cuales llevan un año en Panamá.
Para él, este es su estreno como embajador. ‘Tengo un esposo embajador muy activo’, cuenta ella, recalcando que su agenda está llena de cocteles, desayunos, aperitivos. . . de los cuales o es invitada o es anfitriona. Así que esta nueva función le ha cambiado la profesión, ella ha dejado por primera vez el periodismo. ‘Como yo escribía mucho de política, entonces no se me hizo ético como embajadora llegar a escribir algo político. No crea, el gusanito lo tengo todavía’.
> Sin pluma ni micrófono
Cuando el matrimonio Guignard tiene que cambiar de hogar los muebles y objetos grandes adquiridos en el camino se envían a su casa en Charante, la región del coñac en Francia. Ellos apenas viajan con sus computadoras, ropa, discos, fotos y libros.
En esa computadora, Marie-Carmen lleva grabados tres proyectos de libros en los que piensa trabajar en Panamá para quemar sus energías de periodista. Este es el segundo cambio profesional que ha hecho ella; el primero fue cuando se fueron de México y ella dejó la posición dentro de la Embajada de Estados Unidos para convertirse en corresponsal.
‘Cambié el escritorio de adentro para afuera, y si es necesario que la vuelva a cortar pues la corto; por mi marido yo a donde vaya [voyI’, dice resuelta la esposa del embajador.
Han vivido en Canadá, luego en Estados Unidos entre Nueva York y Washington D. C. y los últimos cinco años antes de venir a Panamá estuvieron en Francia. Durante este tiempo, ella escribió para los periódicos El Heraldo y Nuevo Excelsior de México, hizo reportajes radiales para el programa Monitor de Radio Red y también fue corresponsal para Televisa.
Acepta que es raro que el cónyuge de un diplomático pueda conservarse activo en su carrera, pero considera que es cuestión de proponérselo.
‘A nuestra primera dama [Carla BruniI la acaban de entrevistar [por el lanzamiento de su nuevo discoI y dijo que ella estaba de acuerdo en que las mujeres que tenemos una carrera por qué no podemos seguir con ella, y yo estoy totalmente de acuerdo con ella’, comenta.
En Nueva York, en 1997, Boue-Guignard llevó todos los sombreros- producción, dirección, narradora, entrevistadora, traductora- del programa semanal Mujeres en el mundo de las Naciones Unidas. De aquella experiencia, recuerda a ‘una señora del interior de Turquía [defensora de los derechos de la mujerI que me impresionó mucho porque me platicó de estas chicas que se detuvieron a ver los anuncios de las películas de cine, y entonces los hermanos pusieron al hermano más chico, menor de edad, a que las matara porque consideraban que el que las niñas estuvieran fuera de la casa a esas horas era una deshonra para la familia’.
De lo que ha visto en Panamá, dice que ‘ahorita que estamos en plenas elecciones es apasionante, estaría yo como loca escribiendo sobre todos los candidatos porque todos son interesantes’, sobre todo le simpatiza Balbina [HerreraI por ser mujer, aunque afirma enseguida que no es feminista porque le encanta que ‘me abran la puerta, que me acerquen la silla, todo lo que es cortesía para la mujer’, y su esposo, dice, es un experto en esto.
‘Es adorable, mi marido’, comenta. ‘Me enamoró su forma de ser, su aspecto físico. . . me encantó su boca, pero ya eso es aparte’, ríe.
> Unidos por los escombros
Asegura que los une más el tener que adaptarse juntos a cada país que van y el no tener hijos -aunque lo intentaron-. ‘Tenemos una compenetración magnífica’, dice Boue-Guignard.
Él se apresura a relatar que cuando apenas tenían cuatro años de casados, vivieron el terremoto de México de 1985 y eso los unió aún más.
Ella asegura que lo sabía desde antes, porque la noche anterior se sentía muy mal. Él le dijo que fuera al médico porque tal vez estaba encinta.
‘Le dije: 'no tiene nada que ver con eso, yo siento la muerte alrededor de mí’, cuenta ella.
‘Eso es textual’, comenta él.
A la mañana siguiente mientras Marie-Carmen se duchaba sintió el rugido bajo sus pies. ‘Dije ahora sí nos vamos a morir, me pongo la bata no me vayan a encontrar desnuda’.
‘Y eso se movía’, dice el embajador.
‘Espantosamente’, completa ella.
‘Mi marido en ese instante se levantó, no podía caminar, se caía. Le dije: 'vente conmigo al marco de la puerta', y a la muchacha que estaba en la casa le dije: 'no se mueva de la cocina'; nada más oía cómo mis copas caían clan, clan, clan’.
Ellos estaban en un cuarto piso y veían cómo su edificio golpeaba con el que tenía al lado, y se inclinaba hacia la calle.
‘Santo Dios, Santo fuerte. . . ’, rezaba ella. Cuando se detuvo, se vistieron enseguida para salir al trabajo, pues sabían que iba a ‘ ser un día tremendo’ en las embajadas coordinando la ayuda. Al carro le habían caído escombros y tuvieron que caminar ocho cuadras.
‘Los dos estábamos haciendo nuestro trabajo con el sentimiento de que cada minuto era un minuto adicional en la vida, porque habíamos sentido que en ese momento ya se acababa. Realmente trabajamos como locos’, cuenta el embajador, y su esposa añade que llegaban a dormir en la madrugada.
> Buscando a Ingrid Betancourt
Otro momento difícil para Marie-Carmen fue ver a su esposo partir desde París hacia el Amazonas como funcionario del Gobierno francés para recibir a Ingrid Betancourt de manos de las FARC.
Cuando Betancourt fue secuestrada, Guignard era el encargado de América Latina en el Ministerio de Relaciones Exteriores francés, cuyo ministro era Dominique de Villepin, quien luego sería primer ministro y había sido profesor de Betancourt.
‘Una de sus metas fue inmediatamente sacarla porque cuando los franceses están en dificultad procuramos encontrarlos’, cuenta Guignard. ‘Hicimos todo lo que podíamos hacer para tratar de establecer contacto primero con las autoridades colombianas, y también con quienes la tenían como rehén. En alguna oportunidad hubo el anuncio de una liberación de Ingrid Betancourt en el Amazonas, y fui allí a tratar de recibirla’.
‘Yo, mientras, atacada en mi casa’, cuenta Boue-Guignard. ‘Yo, asustada, pero él encantado’.
La expedición por el Amazonas ‘causó desagrado a Brasil y Colombia, pero son operaciones que requieren de mucha discreción si se quiere que tengan éxitos; esta no tuvo éxito, pero Francia siguió peleando’.
Considera que Betancourt fue liberada de la mejor manera posible ‘sin una gota de sangre’, y se alegró muchísimo de ver las imágenes de su liberación por televisión.
> Al son de La Marsellesa
Entre los proyectos de la pareja en Panamá está el fundar un liceo francés que permita a estudiantes panameños y de la comunidad francesa estudiar de kínder al bachillerato, en una institución de estilo francés (actualmente la escuela Paul Gauguin solo cubre hasta primaria).
Además, promoverán cambios para la Alianza Francesa, como abrir dos sedes adicionales en Costa del Este y Albrook.
‘A mí me gusta mucho el contacto humano y me gusta el contacto humano del panameño’, dice Marie-Carmen, quien disfruta de Boquete y El Valle y de los mariscos.
Al momento de cerrar esta edición, ella se encontraba junto a su esposo, recibiendo a sus invitados en la Plaza de Francia para la celebración de la fiesta del 14 de julio, aniversario de la Toma de la Bastilla, de cuya organización se ha encargado ella mayormente.
‘Yo sigo rezando, el año pasado recé a todos los santos y a mis padres para que me ayudaran, y no llovió y eso es fantástico en Panamá’, cuenta, y tampoco le llovió este año.
La fiesta continuó el martes en David, Chiriquí, pues el embajador le había prometido a la comunidad francesa en esa provincia que les llevaría la fiesta del 14 de julio con fuegos artificiales y todo, como en cada plaza de Francia. |