Publicado el Viernes 18 de julio de 2008
  Edición No. 956
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ESTA SEMANA
Los 100 del teatro

Ha tenido años gloriosos, así como momentos de decadencia, sin embargo, hoy, repuesto y airoso, el Teatro Nacional llega a su centenario.

VANNIE ARROCHA MORÁN

El primer día del lluvioso octubre de 1908 abrió sus puertas el Teatro Nacional, para ser recinto y testigo de la toma de posesión del presidente José Domingo de Obaldía.

Sin embargo, la inauguración artística ocurrió 27 días después, con la puesta en escena de la ópera Aida, de Verdi, presentada por la Compañía italiana de Mario Lambardi.

Actualmente al caminar por la calle 3 Catedral y Avenida B y mirar desde afuera al Teatro Nacional no se sospecha su belleza interior. Mas entrar por una de sus puertas es hacer un viaje al pasado, a la época en que la decoración neoclásica era preponderante.

El Teatro Nacional fue construido sobre los cimientos del pequeño teatro Sara Bernahrdt (llamado así en honor de esta declamadora famosa durante el período de la construcción del Canal Francés), mediante la promulgación de la ley 52 de 2 de mayo de 1904, aprobada por la Junta Provisional de Gobierno.

El pequeño pero lujoso edificio fue diseñado bajo la visión del arquitecto italiano Giussepe Ruggieri y fue construido por la empresa Duque y Arias y el ingeniero Florencio Arosemena. Los trabajos se iniciaron en noviembre de 1905 y culminaron en marzo de 1908. El encargado de la decoración fue el italiano Enrico Corrado, quien realizó la decoración en yeso, la pintura en imitación de mármol y los relieves en los palcos, a lo cual se unió la gran obra muralista del panameño Roberto Lewis.

Con la euforia del nuevo teatro y la recién formada república, se desarrolló una época de oro cultural. Por su escenario pasaron obras importantes como Carmen, El Trovador, El Barbero de Sevilla, Bohemia, Caballería Rusticana, Fausto, Pagliacci, Rigoletto, Tosca, Traviatta, Madame Butterfly, Lucía de Lamemoor, Otello, Mefistófeles y Fedora.

> Recuerdos de familias

La Escuela Nacional de Ópera presentó ‘Il Trovatore (El Trovador)’ en honor del doctor Ricardo J. Alfaro, primera persona encargada del poder Ejecutivo. En esa obra, realizada el 6 de agosto de 1932 y dirigida por Alfredo Graziani, participó Annie Torbet Wainio, en el papel de Azucena, como mezzosoprano, cuando tenía 18 años.

Hoy esta mujer tiene 94 años, y su hija Kathleen de Roy habla sobre la relevancia de este teatro en la vida de su madre. ‘Tanto mi madre como mi abuela María Morchio de Torbert tocaban el violín, ambas pertenecieron a la Sinfónica Nacional y, por lo general, tocaban [en el Teatro NacionalI’.

De Roy cuenta que su madre subió más a aquel escenario por su rol de violinista, cuando la Sinfónica era dirigida por Walter Myers y que incluso hoy día su madre menciona con orgullo haber sido parte de esa época.

De sus primeras visitas al Teatro Nacional, donde acudía llevada por sus padres, de Roy dice recordar vívidamente la presentación de la afroamericana Marian Anderson, intérprete de gospel, cuando tenía aproximadamente cinco años. ‘Eso fue en la década de los años 1950’, sonríe y agrega que ‘asistieron muchos estadounidenses, porque [AndersonI era muy famosa [en Estados UnidosI, pero también había panameños’.

Con respecto a la indumentaria utilizada para ir al teatro, ella sustenta que ‘para aquel entonces, era muy común ver a los señores vestir con trajes blancos de lino y usar sombrero. Las mujeres usaban sombreros pequeños y guantes’.

> La joya descuidada

Sin embargo, los buenos tiempos en la existencia del Teatro Nacional no han sido constantes.

A finales de 1930 el Teatro Nacional experimenta su primera caída, de ser el escenario de grandes conciertos y óperas pasó a ser utilizado como sala de cine. A partir de 1941, obtuvo su primera intervención renovadora con la dirección del arquitecto Guillermo de Roux, y nuevamente el teatro, conformado por una luneta con 260 butacas, dos anfiteatros, la galería ubicada en el cuarto piso y el foyer, llamado Roberto Lewis, volvió a deslumbrar.

Pero volvió a decaer durante los primeros años de 1970, su escenario se conformaba con usarse para actos de colegios, como el Instituto Bolívar.

La catedrática del departamento de español y miembro de la Academia Panameña de la Lengua Margarita Vásquez es testigo de esa transición del teatro pues fue profesora de música del Instituto Bolívar. ‘Mi primer trabajo fue como profesora de música, cuando tenía como 19 años. En ese entonces, los eventos musicales del instituto se realizaban en el Teatro Nacional por dos razones: porque estaba en decadencia, las tablas del escenario estaban bien viejas, y también es que en ese tiempo las escuelas eran bien consideradas’.

Vásquez, que ha visitado esta casa del arte desde su niñez, lo considera como un lugar mágico. Asegura que a lo largo de su vida siempre se ha sentido unida a este sitio debido a que su hermano era pianista profesional y también su hija, Margarita de Troetsch.

Hay que aclarar que en 1974, el teatro experimentó una nueva restauración dirigida por el Instituto Nacional de Cultura, que contrató los servicios del arquitecto René Brenes.

Sin embargo, su lucha contra el mal estado de su infraestructura no terminó allí, y en 2000, el Teatro Nacional gritó auxilio con la caída del paflón. Para 2004 la alegría de los frescos volvió a recuperarse.

La productora Madelaine Leignadier también ha mantenido un vínculo con este teatro de los años 1970 hasta el presente. Primero fue espectadora, pues de la mano de su abuela paterna asistía ‘a todo evento que se realizara en ese cofre’. Luego como bailarina de la Escuela de Ballet Teresa Mann pasó a estar del lado de los artistas, en el escenario. Cuenta Leignadier que incluso las primeras fotografías para su álbum de modelo se las tomó en este teatro, que ella llama ‘joya’.

Al pasar los años y desempeñarse como productora siguió utilizando el teatro para sus eventos y en una de esas ocasiones, cuando ya tenía el teatro alquilado y se realizaba una de las prácticas para Tap Night, el paflón se desprendió. Sin embargo, luego de ver el teatro en mejor estado señala que ha seguido utilizándolo, porque en el país ‘no hay otro lugar que te brinde ese ambiente’.

Afirma que admira a la gente que trabaja detrás del teatro, porque hace lo que puede por él y sufre cada detalle que no puede arreglar.

Otra que se queja de los implementos por arreglar es la pianista Margarita de Troetsch, artista que desde 1987 se ha sentado en los pianos del teatro.

Aunque el teatro cuenta con dos pianos Yamaha en buen estado, ella advierte el desuso en el que se mantiene un piano Stainway de Hamburgo, Alemania, por no ser arreglado. Explica que al ser fabricado en Alemania, se considera de alta categoría, además su otro motivo de importancia radica en que ‘es uno de los dos pianos Stainway, de nueve pies como son requeridos para las salas de conciertos, comprados para la reinauguración del teatro en 1974’.

> El orgullo del istmo

Margarita Vásquez señala que algo muy importante que tiene este teatro panameño que no pueden ostentar otros teatros coloniales de la región es que no está decorado por cuadros sino con murales y ‘lo más importante, pintados por un panameño. Los cuadros que adornan otros teatros de la región eran encargados a pintores de Europa’, apunta.

Por su parte, Mayra Estela Trujillo De Souza, decoradora de eventos en el Teatro Nacional por cerca de 20 años, indica que ‘realzar cada rincón del Teatro Nacional no es difícil, porque cada piso, el escenario, sus terrazas, el salón Roberto Lewis y el vestíbulo es un escenario estético permanente. Colocar una composición floral natural, grandes candelabros, fina mantelería y platería simplemente conjuga la decoración existente’.

El Teatro Nacional ha subsistido a los buenos y malos momentos y se acerca a un momento cumbre, su centenario en el mes de octubre.

La celebración ya empezó, pues Ópera Panamá realizó el sábado 12 de julio una presentación como preámbulo a las varias que se darán en este recinto hacia fin de año.

La directora de Relaciones Públicas y Protocolo del Instituto Nacional de Cultura, Rosemarie Acosta, adelanta que ‘para conmemorar los 100 años del teatro habrán presentaciones como el ballet La Bayadere, Madame Buterfly y la conmemoración del día del Artista Plástico’.

Si quiere vivir la historia visite el Teatro Nacional.


 
 
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