Publicado el viernes 28 de noviembre de 2003 - Edición No. 721 | Inicio | e-mail | Foros | Favoritos | Buzón | ? |
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ESTA SEMANA

¡Ay! Me quemé

En los sueños, en la millonaria y hasta en una tumba puede asomarse la cifra ganadora

Roxana Muñoz

“Mírame esa mata —la millonaria— a ver si encuentras un número allí”, le piden los grandes a los niños, en especial si es miércoles o domingo, días de lotería. Con la ayuda de la imaginación el chico termina encontrando algo que parece un número, aunque es probable que el adulto lo convenza de que el número que ve es justo el que a él le gusta. Conozco a alguien que siempre ve en todos lados el número siete.

Y es que las señales de la suerte pueden aparecer en cualquier parte. Los jugadores están atentos hasta cuando duermen. Tal vez el mensaje venga en un sueño. Por eso es importante saber algunos códigos esenciales, como que soñar con culebra es 32, o con pistola es 7. Sin embargo, lo de los sueños no es de fácil lectura y casi siempre hay que componerlos: sumar la fecha de nacimiento del que aparece —o jugarla al revés—, restar el número de la culebra y tal vez hasta sea necesario multiplicarlo por la pistola. Mmm… semejante sueño no debió ser nada agradable.

Los muy cabalosos van más allá y sin vergüenza preguntan si uno se fijó en la placa del auto que robaron o en la fecha de nacimiento de una persona que acaba de fallecer. (Me contaba una amiga que una vez soñó con su abuelo ya fallecido, y al contar a la familia su sueño, lo primero que le preguntaron era si el señor no había revelado el número de la lotería). Quien quita.

Dicen que el dinero llama dinero, así que es más probable que el acumulado del Gordito termine en los bolsillos de alguien que ya tiene. La suerte es loca y también ciega. Por esta razón la gente no deja todo en sus manos y la “ayuda” con ciertos rituales, como bañarse antes de que juegue la lotería o no tener platos sucios en el fregador.

Es importante no toparse el día del sorteo con ningún enemigo, como el vecino que quiere poner el radio más alto que usted, el mismo del que sospecha le tiene su número enterrado en un pote. Ese solo encuentro le puede salar el día.

Aunque muchos jugadores nunca fueron amantes de las matemáticas, gracias a la lotería terminan por serles fiel a un número y así como ven números bonitos (el que le gusta) también los califican como “feos” (el que no le gusta) y duros (el que le gusta, pero no sale).

Por ese número que le gusta muchas veces está dispuesto a aceptar las imposiciones de alguna billetera no tan amable “tiene que comprar uno bajo y uno alto” o sea casado, o “tiene que comprarme una rifa”.

Para las dos o tres personas que en este país nunca han comprado lotería, será de gran utilidad saber que los números bajos, o sea las fechas, son los más buscados. Muchos también se aseguran comprando las fechas al revés.

Aunque en reemplazo del ánfora, nunca aceptaron el otro aparato, que soplaba las balotas, muchos chingueros sí están dispuestos a hacer uso de la tecnología y consultan las computadoras de la Lotería para saber dónde pueden encontrar sus números favoritos. No importa si uno lo venden en El Parador y otro en el mercado de San Felipe, allá van a comprarlo.

A pesar de tan meticulosa investigación, las más de las veces la lotería resulta más traicionera que la mariposa de Maná. Por más que una reme. Pasado el sorteo todo lo que se oye es “¡Ay! me quemé”, “Lo tuve en la mano y lo dejé”, “Soñé con mi abuela y no compré su fecha”, “Lo tenía el domingo y hoy no lo compré”…

No importa cuántas veces se queme una persona poniendo su fe —y sus ahorros— en la decena del 20. Tampoco importa si jura y perjura que no vuelve a comprar nada, que si la lotería es una trampa, que le vale si en el próximo sorteo salen letras, que esos niños no sacan nada bueno, etc., etc. Pocas memorias son tan cortas como la de un jugador, y unos días antes del siguiente sorteo estará buscando el número que le dé su horóscopo y componiendo sueños.


El panameño es...

Los expertos en convencer nos hablan de cómo somos

Los publicistas se pasan la vida investigándonos. Saben qué nos gusta comer en un autorrápido, si nos montaríamos en aquel carro o preferíriamos el otro, si nos preocupa más la marca o el precio, etc, etc... Nos conocen científicamente y al detalle, con pruebas bien fundamentadas.

Con tanta información a mano y, sobre todo, porque son panameños, se nos ocurrió preguntarle a dos creativos publicitarios cómo nos ven.

Por dónde comenzar

Todos sabemos que los panameños son alegres, campechanos, colaboradores, sensibles a las causas de los más necesitados y muchas cosas buenas más. Pero ¿qué pasa cuando un grupo de mujeres humildes te dice, por ejemplo, que no usan platos desechables durante la semana porque eso significa que son malas esposas ante sus maridos, mientras que la mujer de clase media te asegura que merece un descanso y toda su familia lo acepta sin chistar?

¿Cómo ignorar que en algunas sesiones de grupo hay personas que aceptan que son “botellas” o que roban luz porque se quedaron sin trabajo, cuando hay campesinos muy pobres que usan “guaricha”? También he presenciado sesiones en donde a nuestros jóvenes les preocupa mucho el destino de Panamá, pero sienten que no hay oportunidades. Estas respuestas me afectan mucho como profesional y como persona. A veces me hacen sentir impotente.

Estoy convencida de que ese panameño alegre también sufre, ya sea por su color o por su condición social, por su escasa educación escolar, o porque en casa hay violencia. Panamá necesita mejores panameños, lo único que falta es convencerlos de que tenemos mucho valor y más que todo el derecho a intentar ser mejores a como de lugar. Hoy, ¡ya!

Como publicista no puedo cambiar el mundo, pero afortunadamente me han tocado clientes que están comprometidos con su rol social y nos permiten cumplir un objetivo de ventas, pero a través de mensajes relacionados con los valores, la honestidad y especialmente la autoestima.

Al margen de las encuestas, estoy profundamente enamorada de los panameños; con todos sus defectos y virtudes, pese a este subdesarrollo que nos pesa al andar. Especialmente me llenan de orgullo nuestros campesinos, modelos insignes de trabajo, que no buscan otra música que no sea la nuestra; que no esperan nada y que entre ellos construyen sus propias casas.

Lucía Bonadíes Mora

Socia, subgerente general y vicepresidenta directora general creativa de INSIGHT DDB. Ha creado campañas de El Machetazo, Elektra (“Todo cambia cuando hay luz”), Coca-Cola de Panamá (“Vístete de patria”), etc.

Qué contradicción

El panameño es aquel que te llama y te pide las cosas a última hora, y si las haces, eres lo máximo, y si no, eres un “plomo”.

El panameño es ese que comienza la semana comiendo lechuga y pollo asado y la termina comiendo carimañola y “no me olvides”.

El panameño es aquel que tiene en cero la cuenta de ahorros, si la tiene, pero nunca se pierde una feria.

El panameño es ese que pone el radio a todo volumen, pero se molesta con el vecino cuando tiene la TV muy alta.

El panameño es ese que hace fila por horas, siempre y cuando en algún lado del letrero diga “gratis”.

El panameño es ese que es “experto” en política sólo cuando vienen las elecciones y “experto” en fútbol sólo cuando viene el mundial.

El panameño es aquel que pinta a los “famosos” en la parte de atrás de los buses, pero ninguno se parece al modelo real.

El panameño es ese que se queja del calor todo el día, pero no se quita la manga larga porque está de moda.

El panameño es aquel que cuando viene diciembre, además de querer ver a los artistas, bueno a algunos, saca de donde no tiene y da algo a la Teletón.

El panameño es muchas cosas... pero sobre todo, el panameño es gente.

Miguel Trujillo
Director creativo de HZO

Ha creado campañas de Estampa (“1 minuto de silencio”), Steven’s (“Amor”), Multi Credit Bank (“Futuro”), entre otras.



ESTA SEMANA
¡Ay! Me quemé
Mi ex en la oficina
La casita roja y los caminantes

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