Publicado el viernes 17 de diciembre de 2004 - Edición No. 766 | Inicio | e-mail | Foros | Favoritos | Buzón | ? |
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Enguayaberados

Los esposos Alberto Pons y Patsy Owen están vistiendo al mundo con guayaberas panameñas

Ileana Pérez Burgos

Alberto Pons hijo se sienta sobre su escritorio con una taza de café, llega casi corriendo su esposa Patsy Owen, y se sienta frente a él. El viste su herencia: una guayabera blanca, de cuello italiano. Ella lleva una guayabera de jean abierta sobre una camiseta blanca. Juntos fabrican guayaberas –aunque Patsy insiste en que el crédito se le dé solo a su esposo– que exportan a diferentes países de América, alimentando la sed por esta pieza latina, que está muy de moda, sobre todo en Estados Unidos. Su fábrica comenzó con una historia de amor, y se ha renovado con una nueva historia, la de Beto y Patsy.

La primera

El padre de Beto, Alberto Pons padre, llegó a Panamá desde Cuba a los 24 años. Venía solo de paso, pues su destino final sería Cleveland, donde tenía familiares. Pero la historia le cambió cuando conoció a Thays. Se casó y mudó la fábrica de ropa que tenía en Cuba a Panamá. Comenzó haciendo camisas y pantalones, y, luego, la camisilla panameña que se usaba mucho en la época (años 50).

“Agarró la guayabera cubana y le puso los ingredientes que consideró cómodos y frescos de la camisilla panameña”, cuenta Patsy de su suegro.

Beto explica que la guayabera cubana es rígida, tiene un entalle atrás que la ajusta como si fuera un saco, y hasta se usaba con gatito, además de que tenía hombreras. Lo que creó su padre era algo distinto.

“Todo lo que ves en el mundo con este estilo es una mezcla de la camisilla panameña con la guayabera cubana. El (Alberto Pons padre) le puso Panabrisa, Pana por Panamá y brisa porque es fresca como una brisa”, dice Patsy.

A principios de los 80, Beto tiene la idea de exportar las guayaberas al Caribe y de modernizarlas, poniéndoles cuadros y haciéndolas en más colores. Y funcionó.

Pero cuando el presidente Ernesto Pérez Balladares aparece en sus fotos de campaña con una camisa a rayas, las guayaberas en Panamá sufren un bajón, pues los hombres adoptan la moda presidencial. Esto fuerza a Beto a buscar clientes fuera y comienza a fabricar guayaberas para marcas extranjeras. Así conoce al llamado “rey de la guayabera”, Ramón Puig, de la Casa de las Guayaberas en Miami. Puig, además de hacer guayaberas a mano, mantiene cerca de 8 mil guayaberas en inventario, y de éstas casi el 80% son hechas por los Pons en Panamá.

“Beto se ha encontrado con amigos de su papá que le dicen: ‘Oye, mira, para que aprendas a hacer una guayabera, ésta se la compré a Ramón Puig, ésta es una guayabera de US$200.00’, y Beto les dice: ‘Mira que la etiqueta dice hecho en Panamá”, cuenta sonriente Patsy.

La segunda

Beto y Patsy se conocían desde adolescentes, pero no se habían visto en años. Cuando él llegó como cliente a la agencia publicitaria donde ella trabajaba, Patsy no solo se convirtió en su publicista sino también en su vecina, pues él se mudó al edificio donde ella vivía. El reencuentro les cambió la vida y también las guayaberas.

“He venido a culminar mi carrera. Es el cliente perfecto, o hace caso o duerme en el sofá”, dice ella en broma.

“Nosotros la pasamos muy bien. Es una forma de estar 24 horas juntos, literalmente. Es lo mejor, trabajar con una persona que quieres por un valor inferior al que deberías pagarle”, bromea él.

Su gran éxito juntos fue crear el traje guayabera para mujer. Beto tenía la idea, Patsy fue dándole forma. Se hicieron pruebas, se lo midieron a las amigas, algunos clientes locales dijeron que no se vendería, pero una vez creado el vestido, en el extranjero tuvo acogida. Unos seis meses después del lanzamiento del traje guayabera en el exterior, Patsy lo ofreció a la organización de Miss Universo para que lo usarán las misses en su paseo por la ciudad.

“Tuvo una acogida bárbara”, dice Beto. Mientras las misses desfilaban por la ciudad, su celular sonaba con clientes haciendo pedidos. “En Venezuela compraban el 98% de la mercancía para hombres y 2% para mujer. Ahorita todo lo que consumen es para mujer”.

Patsy siguió generando ideas, como la guayabera de denim que lanzó para este Día del Padre, y se reprodujo en otros productos como faldas, capris, minis, trajes largos... Todos de jean y estilo guayabera. En Estados Unidos, la guayabera de denim fue venta récord para los Pons.

El nuevo diseño para este fin de año son las camisas guayabera para usar por dentro, también creación de Patsy, creada para aquéllos que rechazan la guayabera convencional porque sienten que andan con la ropa de papá.

Beto también ha comenzado a trabajar con telas italianas, lo que describe como el sueño de todo fabricante, y además de Panabrisa, tiene una línea de guayaberas más finas, que lleva el nombre de su padre Alberto Pons.

“Las guayaberas en el exterior son el símbolo del latino y hoy por hoy ser latino está de moda”, comenta Patsy.

La pareja planea aumentar la producción de su fábrica en un 15% para el próximo año pues no se dan abasto, al punto que este año no pudieron cerrar la fábrica para tomar vacaciones. Actualmente, producen 500 guayaberas al día y tienen a más de 200 empleados.

“Yo pensé que la marca Panabrisa se iba a quedar en el olvido y hoy por hoy está en los mejores almacenes de la República y lo extraño es que está en el departamento de mujer”, comenta Beto.

“El éxito más grande de Beto es mantener esta línea señorial elegante todavía de moda, ese no es un reto fácil”, afirma Patsy.

Ahora la pareja está trabajando en guayaberas para bebés inspirados en su hija María.



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