Publicado el viernes 18 de febrero de 2005 - Edición No. 775 | Inicio | e-mail | Foros | Favoritos | Buzón | ? |
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DIARIO DE MAMA

Lo que nos debe la vida. ¿O no?

Julieta de Diego de Fábrega

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Cada vez que leo el poema Paz, de Amado Nervo, entiendo un poquito más la dinámica de la vida. De esa que estamos destinados a vivir exactamente como escojamos: felices, tristes, amargados, con profundidad, con ligereza, solos, acompañados, en fin, las opciones son ilimitadas y podemos optar por la combinación de ellas que más nos provoque.

Cierto es también, que de esa combinación dependerá que nos levantemos cada día de la cama pensando: “La vida es bella”, como la película, o maldiciendo nuestra suerte. Encuentro que en este último grupo de personas hay un subgrupo que tiene gran número de adherentes (casi más que el PRD) y es aquel en que militan los que piensan que la vida está en deuda con ellos.

Ustedes seguramente conocen una, o varias, de estas personas. Para empezar son críticas, muy críticas del resto de la humanidad porque son ellas, solo ellas quienes tienen todas las respuestas. Perdón, todas las respuestas correctas porque en cada una de las situaciones vividas sólo ellas son dueñas de la verdad. Esto nos lleva a concluir que es muy difícil ofrecerles un consejo, porque ¿qué podemos aportar nosotros, que ellas no sepan ya?

Resulta que estos personajes viven de accidente en accidente. Se casan, les va mal, se divorcian. Se vuelven a casar, les vuelve a ir mal y se vuelven a divorciar... x cantidad de veces. Consiguen un trabajo, les va mal, renuncian; consiguen otro, les vuelve a ir mal, vuelven a renunciar. Tienen un mejor amigo, se pelean con él, se separan; cuando lo necesitan hacen las paces, sólo para volverse a pelear con él. ¿Ven más o menos cómo es la cosa? Repiten sus errores una y otra vez porque como no reconocen que se han equivocado o que han actuado mal, no corrigen, ni ajustan.

Como son perfectas, entonces consideran que el mundo entero debe estar rendido a sus pies. Es decir, la vida y el mundo “les deben”. Yo no he podido nunca descifrar qué es exactamente lo que piensan que tienen anotado en cuentas por cobrar –creo que ellas tampoco– y es quizás por eso que nunca están satisfechas. No saben a ciencia cierta qué esperan de los demás y se sientan a recibir de todo el mundo para ver si alguien les presenta el regalo que están esperando.

Nunca trate de complacer a una persona así: es imposible. Si usted le ofrece helado de chocolate, se lo va a comer todito y cuando termine le dirá: “La verdad es que lo que me provocaba era helado de mango”. Y si usted la invita al cine, irá, le aceptará la soda, el pop-corn y el boleto de entrada, le dirá que mata por ver esa película porque alguno de sus otros amigos genios se la recomendó, pero a medio camino cuando le suene el celular con un plan mejor, la película (y su compañía) empezarán a apestar como la sardina del Martes de Carnaval.

Si usted tiene un problema (que bien puede ser emocional o simplemente una llanta flat) ellas sabrán exactamente qué hacer siempre. Se lo dirán punto por punto, pero no se van a ensuciar las manos por usted, así es que no espere que se pasen una noche entera viéndola llorar. Si lo hacen es porque seguramente no tienen absolutamente nada más que hacer y créame que el tiempo que le dediquen será tema de conversación para el resto de la vida. Porque es necesario anunciar “las buenas acciones”.

A las personas que usted conozca que caigan en esta categoría envíeles sólo esta estrofa del poema Paz: “Porque veo al final de mi rudo camino/ que yo fui el arquitecto de mi propio destino/ que si extraje la hiel o la miel de las cosas,/fue porque en ellas puse hiel, o mieles sabrosas.”, a ver si entienden que la vida devuelve lo que uno pone en ella. Sólo eso.



 
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