Marlene Barrera
Respirando paz
Su vida la ha balanceado entre criar a sus hijos, servir a los demás, luchar por una calidad de vida para inmigrantes latinos y viajar por el mundo para enseñar maneras de aliviar el estrés.
PATRICIA ARAMBURÚ
A los cinco años de edad Marlene Barrera emigró de Cuba a Texas, Estados Unidos, debido a los conflictos políticos en su país. Se crió como una inmigrante y creció rodeada de una comunidad hispana que añoraba cumplir el sueño americano.
Se casó y tuvo cuatro hijos en menos de siete años, y cuando el mayor tenía seis años se divorció. Como no trabajaba y sabía que para poder ganar la custodia de sus hijos tenía que tener un trabajo estable, que le diera suficiente como para alimentar a cinco, se empezó a movilizar y buscar maneras de encontrarlo.
Con una licenciatura en psicología y literatura inglesa, decidió iniciar los cursos para obtener una maestría en teología, mientras buscaba ayuda en la iglesia, su segundo hogar.
Era fiel católica y trabajaba con la parroquia de su área en programas sociales. Siempre se sintió muy identificada con el trabajo social y de voluntariado. Sentía esa necesidad de ayudar a los demás y participando en la Iglesia católica lo pudo lograr. ‘Me tomé muy en serio lo de trabajar y superarme y conseguí un trabajo con Caridades Católicas’, cuenta.
‘Recaudé fondos del gobierno para establecer programas de ayuda a los inmigrantes para ayudarles a climatizarse a la sociedad americana, fundé la Organización para Latinos Americano OLA y siempre trabajé con los mas pobres en Texas, ayudaba a mujeres abusadas y las llevaba a refugios’. Además desarrolló y dirigió el Ministerio Hispano, ‘tiene que ver con la instrucción religiosa para los hispanos en EU’, explica.
‘Estaba trabajando full time, con cuatro niños, entre las edades de 2 a 6 años, sin nana, ni cocinera, desde y estaba fundando una organización para el beneficio de los inmigrantes, estudiando una maestría, desvelándome casi todas las noches’, cuenta.
Un día, en medio de esa trayectoria, se levantó y no podía mover el cuello, por el estrés. Era demasiado para llevar sola. ‘Si no hubiera sido por mi fe, hubiera muerto. . . era a prueba de fuego’. Pero aun así, con esa fe, el estrés le bloqueó el movimiento y tuvo que gatear para levantarse. Sintió que era momento de buscar ayuda. Acudió donde un quiropráctico que la alivió, pero quedó con un sentimiento extraño. ‘De una forma intuitiva sentí que había movimiento de energía dentro de mí. . . Me recomendaron los libros de Deepak Chopra y eso fue lo que hice’.
Del libro Salud Perfecta, de Chopra, Marlene tomó una receta herbal basada en el sistema ayurvédico de medicina que cura el insomnio. ‘Lo hice y me curé; de ahí hice una técnica con un aceite que te untas en la frente y sentía toda la tensión que había acumulado durante esos años de lucha como un torniquete en la frente, era como una banda muy tensa. . . espontáneamente empecé a hacer una técnica de respiración, que ahora enseño, pero empecé a respirar naturalmente y cuando exhalaba me deshacía del dolor. Quedé sin estrés, la mente calmada y pude regresar a esos tiempos de tranquilidad cuando era niña y me acostaba bajo un árbol y nada más veía las hojas’.
Para Marlene sentir esa paz interna fue la respuesta a su estrés diario, y decidió instruirse más en las técnicas de respiración como medio curativo.
Así fue como llegó a tomar los cursos en la sede de la Fundación El Arte de Vivir en su estado y al cabo de poco tiempo se convirtió en instructora certificada.
Su vocación de voluntariado había tomado otro giro, ya había logrado mucho por los hispanos y la Fundación OLA corría por sí sola. Ahora era momento de encontrarse a sí misma y ayudar a otros a hacerlo.
Un cambio para siempre
Marlene sentía que usar las técnicas de respiración y enseñarle a otros era su misión y ahora no solamente se enfocaría en ayudar a personas de una sola fe, como lo hacía en la iglesia, sino que sus horizontes se expanderían.
‘No importa lo que creas, no importa tu condición social, no importa de qué raza vienes ni el idioma, lo que importa es que puedes respirar y a través de la respiración puedes conseguir unos logros tan grandes, le puedes cambiar la vida a un persona sin hablar su mismo idioma’.
Para Marlene no existe nada más reconfortante que enseñar a una clase de estudiantes y ver cómo sus vidas mejoran, ‘qué suerte tengo yo de hacer algo tan grande’, exclama.
Ella explica que cuando respiras como lo enseñan las técnicas, inmediatamente hay un cambio en las ondas cerebrales, ‘no es que alguien te mete un cuento chino, porque no tienes que creer nada, esto tiene sus bases científicas’. Está documentado cómo funciona: ‘activa el décimo nervio craneal bajo que desenlaza reacciones químicas para producir endorfinas y si tu cuerpo las produce no necesitas tomar antidepresivos’.
Su enseñanza se basa en las técnicas de respiración y es un curso intensivo de siete días que se complementa con yoga. Luego la persona debe seguir practicándolas regularmente, entonces el sistema del cuerpo va cambiando, y de tres a seis meses es otra fisionomía, las químicas son distintas. ‘Es algo práctico, no es una filosofía, si haces las técnicas todos los días, cambias para mejor’, señala.
Labor mundial
Como parte de su labor como instructora, Marlene ha viajado a Jordania, donde enseñó a estudiantes en universidades; al Líbano, donde ayudó a jóvenes que vivían con estrés por los conflictos armados; a la India, donde enseñó los ejercicios en los barrios más pobres y marginados; a Nueva York, para enseñar a niños de 11 y 12 años los cursos especializados, que cuenta ha sido el reto más grande por tratarse de niños violentos y maltratados. ‘Al final hubo un cambio en estos niños... toma mucho esfuerzo, pero todo se logra, donde hay empeño y hay amor, todo se puede lograr’, señala.
Además visitó a los refugiados del huracán Katrina, que lo habían perdido todo, en Nueva Orleans, y ‘hubo resultados de armonía en un ambiente donde al llegar sólo se sentía angustia y desesperanza’.
Llegó a Panamá por primera vez hace tres meses como petición especial de la sede local, porque es una de las pocas instructoras especialistas en niños. En el poco tiempo que lleva impartiendo cursos ya ha tocado la vida de muchos, entre ellos niños con enfermedades terminales como cáncer, maltratados y abandonados.
Dictó el curso ‘Art Excel’ en la Fundación de Niños con Leucemia y Cáncer, en la Ciudad del Niño, y en MUSEC en Colón. ‘Quedé impactada de cómo tocó la vida de estos niños, de lo bien que asimilaron el curso. . . niños que no se podían quedar quietos, con problemas de hiperactividad, déficit atencional y enfermedades como leucemia y cáncer se quedaron calmados y siguieron el curso a la perfección’.
El programa consiste en entrenar a niños y adolescentes en el manejo del estrés y de los valores humanos. ‘A través de este programa los estudiantes desarrollan valores como la aceptación de ellos, de su condición y de los demás, empatía, respeto, confianza y entrega desinteresada. Los alumnos tienen el desafío de traspasar su perspectiva limitada de la vida y de considerar al mundo como un todo, con toda su diversidad religiosa, étnica, racial y social’, explica la instructora.
Encontrando la paz interior
Marlene confiesa que toda su vida ha sido un ‘enamoramiento con la paz interior’ y que habiéndola conocido y sabiendo la magnitud que eso significa y representa, decidió que no había nada mejor que hacer que enseñarlo a chicos y grandes.
Además lo ha transmitido a sus hijos quienes también han aplicado en sus vidas las diferentes técnicas de acuerdo a sus necesidades. Los cuatro están ahora grandes e independientes, viven en diferentes partes de EU, ya sea estudiando o trabajando, y eso le da libertad a Marlene para viajar y llegar a más rincones del mundo donde imparte los cursos.
‘Cuando cierras los ojos y no te encuentras 10 millones de pensamientos, has llegado a cierta etapa de paz, de claridad, entonces muchas cosas son posibles’, explica. ‘Nuestro potencial es ilimitado, pero nosotros nos limitamos con conceptos y cosas del pasado y miedos del futuro, si no nos preocupáramos del futuro, si viviéramos del momento presente, los que son milagros empiezan a ser cosas cotidianas’.
En los 13 años de estar compartiendo sus conocimientos y experiencias con otros, Marlene ha desarrollado una comprensión de la vida distinta. ‘Antes era una persona que pensaba que lo sabía, que tenía la verdad en el bolsillo y ahora me doy cuenta de que la verdad es algo tan grande que no se puede definir’.
Eso ha aprendido y le enseña a otros que la verdad es muy grande y que nosotros mismos somos responsables de nuestra realidad. ‘Hay que mirar hacia adentro. Mientras uno esté cambiando y evolucionando nuestro mundo se hace uno muy bello. . creo que eso es lo más grande que he sacado de esto’, concluye.
Entre sus planes están convertirse en la encargada de la sede de la Fundación en Washington, D. C. o regresar a Panamá para seguir instruyendo a quienes lo necesiten.
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