Un ejemplo a seguir
Inspiradora la historia de Marisa Arias [Personaje, 30 de octubre]. Qué bella historia y qué madurez tiene siendo tan joven.
Mis respetos,
Roxana Berlan
Toronto, Canadá
>>>
Más para la lista
Creo que la lista de “cosas” que asustan (las cuales pueden ser situaciones, conductas o actitudes) son infinitas; sin embargo, puedo agregarles:
1. La falta de honestidad de los políticos.
2. El doble discurso que se utiliza para llegar al poder.
3. La cantidad de semáforos en la ciudad (ya que no creo que solucionen mucho la situación).
4. El crecimiento de los impuestos y tasas en el país.
5. La falta de excelencia de muchos pseudo-comunicadores sociales.
Olivia Gutiérrez Othón
>>>
Para la mamá del diario Julieta:
Te doy las gracias por tocar mi alma cada viernes del año durante la década que tengo de leer esta columna.
Últimamente he estado sintiendo un nudo en mi garganta cada viernes. Me gustaría que tomemos un café. Estoy empezando a leer tu libro.
Yoitza de Milord
>>>
Recordando
Querida Julieta:
Por muchos años he leído su columna, la cual me parece muy interesante, porque en ella da a conocer las vivencias de su niñez. Me identifico con usted porque también recuerdo mucho de mi infancia y adolescencia, soy de la ciudad de Colón, provincia olvidada, pero vienen a mi memoria los famosos carnavales que nos identificaban como un pueblo que le brindaba a los visitantes su amistad y cariño. También recuerdo las tardes de retretas, que eran conciertos que nos brindaba la banda de bomberos y caminábamos alrededor del parque de la concha, conocido también como el parque 5 de Noviembre; allí nos reuníamos después de asistir a misa en la Catedral que queda cerca del parque, en donde nos encontrábamos con los novios o amigos, si de casualidad había un muchacho.
En aquellos días había una sala de baile llamada el Club de Extranjeros, allí se bailaba de lo mejor con orquesta, recuerdo una ocasión en donde presentaron al famoso Lucho Azcárraga y a la sin par Silvia Degrasse; igualmente cuando se creó el Club Náutico Caribe, que en un principio era como una especie de muelle y hacia un frío que no se aguantaba, pero íbamos con nuestras estolas.
En las esquinas se formaban clubes que para Navidad ponían nacimientos y competían todas las esquinas y no había ningún tipo de violencia, tú podías caminar toda la ciudad, visitando amigos, repartiendo tarjetas navideñas y todo bien; para la Semana Santa nos sentábamos en el parque Centenario a ver a los afroantillanos pasar con sus vestidos de lujo, los Easter Sunday (Domingo de Pascuas) aquellas señoras con sus sombreros y guantes y los señores con sus sacos y corbata. ¡Ah, el lunes siguiente se hacía un gran show en la Arena de Colón y venía mucha gente de la capital a presenciarlo.
Mis padres nos llevaban a caminar por la Avenida del Frente, donde los hindúes tenían sus comercios, igual por la Avenida Bolívar, que para Navidad adornaba sus almacenes con luces. Recuerdo cuando inauguraron las luces del parque Centenario, todo el mundo en Colón caminó de Calle Primera hasta la Calle 16, por todo el centro del parque, ¡qué noche más emocionante! Bueno, ese año hicieron los carnavales de noche para aprovechar las luces.
Que bonito es recordar, creo que eso es la esencia de la vida, si no tienes recuerdos, no has vivido. Siempre le comento a la gente de mi tiempo (no soy tan vieja, solo tengo 65, jaja) que si nosotros les habláramos a los jóvenes de hoy de nuestras vivencias, tal vez despertaríamos en ellos el interés de vivir también nuestras bellas experiencias. Colón tuvo muchas cosas lindas, no en vano se le llamó “la tacita de oro”.
En estos momentos resido en Estados Unidos, pero nunca he dejado de sentir ese amor por mi país y por mi provincia, siempre estoy pendiente de todo por allá, ya sea porque me comunico con mi familia o porque entro a La Prensa por internet. Necesitaba de alguna forma sacar todos esos recuerdos y el mejor lugar donde pude exponerlos fue aquí. Muchas gracias por su atención y que Dios la siga bendiciendo.
Una amiga colonense,
Sara Prado
|