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Publicado el viernes 13 de noviembre de 2009
Edición No. 1026
Por la Sombrita
 
‘Abuelita, viene la lucha’
Roxana Muñoz

Hace unos años me quedé con los papás de unos amigos en un pueblito muy metido en la montaña. La familia que se levantaba a las 4:00 de la mañana y se acostaba poquito después de las gallinas,

 

Hace unos años me quedé  con los papás de unos amigos en un pueblito muy metido en la montaña. La familia que se levantaba a las 4:00 de la mañana y se acostaba poquito después de las gallinas, a las 8:00 p.m., trabajaba muy duro en el campo.

A la mamá, que casi no se sentaba de tanto hacer oficios, poco le faltaba por fregar los palos de lo meticulosa que era.

Tenían un televisor pequeñito que encendían para ver la misa, la lotería y el programa favorito de la doña de la casa: la lucha libre de la WWE.

Primero pensé que había entendido mal ¿no sería la telenovela? Y si era la lucha, seguro que quien la veía era el señor de la casa.

Pues no, la lucha era el entretenimiento sabatino y dominical de esta doñita con la cabeza blanquita, quien hablaba con propiedad a sus nietos, junto a los que veía la lucha, de ese “bicho malo que era el Undertaker” y que esperaba con ansias el próximo maratón de horas de Smackdown o de Raw.

Me quedé con la idea de que había presenciado algo muy raro en esa casa, pero a nadie lo comenté. Hasta que empecé a descubrir que muchas señoras mayores son fanáticas de la lucha libre.

Una colega me contó que su mamá le había pedido que la llevara al Figali a ver la WWE  aquella vez que vino a Panamá; lo pidió de regalo de cumpleaños.

La colega, un poco consternada, le ofreció llevarla a un concierto de boleros que estaba anunciándose para esos días. Su mamá le dijo que no, gracias. Eso no se comparaba con la posibilidad de ir a ver en vivo un SummerSlam donde iban a estar Triple H y John Cena.

Otra persona me dijo que cada vez que viajaba a su pueblo a visitar a su mamá, le causaba gracia verla el domingo por la mañana con sus amigas rezando devotamente en la misa, y en la tarde frente al televisor, con las mismas amigas,  gritando: “¡dale duro!”, “¡así se hace!”, “¡buena patada!”. Exacto, viendo la lucha.

He seguido preguntando a mis conocidos y me he seguido encontrando con historias de abuelas seguidoras de este ¿deporte? Hace poquito me contaron de una que se pone furiosa cada vez que “¡por culpa del Teletón!” suspenden la transmisión de la lucha libre. Poco le falta para llamar a la televisora para reclamar esa falta de respeto, peor era si en la semana habían anunciado un campeonato de triple corona.

¿Qué ven estas dulces señoras en la lucha? Yo no sé. Lo cierto es que se apasionan de una manera increíble, tienen sus favoritos y sus archienemigos, se conocen los nombres de todos los programas porque son varios desafíos con títulos distintos.

Me disculpo con las abuelas por si he escrito incorrectamente algunos nombres de luchadores, pero es que yo apenas sé de esto. No digo que de esta agua no he de beber, en unos 25 años quizás yo sea la seguidora número uno del Randy Orton del momento.

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