Vine al mundo cuando los militares gobernaban Panamá. Fui a las exhibiciones de los perros policías en el estadio Juan Demóstenes Arosemena y también llegaron a mi escuela esas canastitas con galletas, pastillas y manzanas (estas últimas nunca me las comía) repartidas por la Guardia.
A principio del año escolar distribuían uniformes y zapatos en las escuelas públicas. Llamábamos guapotes a los zapatos, porque su forma nos recordaba a los renacuajos en las charcas.
Esos calzados junto a las camisas, faldas y pantalones azules fueron descartados por muchas mamás, como la mía, que los vieron muy feítos y ni locas sus hijos vestirían con eso. No faltó quien viera esos regalos como engañabobos para el pueblo.
En mi escuela pública de Puente del Rey, Panamá Viejo, pocos aprovecharon esa ropa.Tengo un amigo que en la montaña donde él creció los uniformes les daban tres vueltas a los estudiantes todos flaquitos. A los zapatos los bautizaron como paneros y cuando se mojaban se abrían. Él nunca se los puso, a la escuela prefería ir descalzo.
En democracia, otros gobiernos han distribuido mochilas y útiles escolares. ¿Alguien ha estudiado la efectividad de esto en la educación?
Opino que el Gobierno no debe repartir masivamente útiles escolares, sino darlos a quien sí los va a aprovechar, esto decidido mediante evaluaciones estrictas y no al gusto de políticos que permutan becas por votos. Ojo, con las becas, bien administradas - no esas universales-, sí estoy de acuerdo.
Parece que desconocen la idiosincrasia del panameño. ¿Quién va a enviar a su hijo a la escuela con una mochila con el logo de un ministerio cuando en Los Pueblos hay de Hanna Montana y de Avatar por tres dólares? Suena feo pero así somos.
Las últimas mochilas que entregó años atrás un ministerio las vi en los hombros de los vendedores de los semáforos.
Por otro lado, este tipo de repartos incentiva la creencia de que la responsabilidad del Gobierno es regalar, como un papá, aunque nadie cría hijos para que sean unos recostados; por lo menos, no a propósito.
Pero papá Gobierno -parece- quiere ciudadanos recostados, que dicen a toda boca en televisión: “esa beca escolar de 20 dólares es muy poquito”. Y es verdad, porque cuándo el Gobierno asume el papel de beneficencia que da lápices y cuadernos no queda bien. Lo que le queda bien es planificar en grande, mejorar el sistema de raíz. Sé que también trabajan en ello, pero, por favor, no diluyan los esfuerzos.
Hay que propiciar campañas para que padres y estudiantes cuiden sus escuelas; no puede ser que a final de año todos los salones queden como vandalizados.
Urge lograr que español y matemática no sean más el cuco de los estudiantes; y debemos aprender de esas escuelas en el interior, incluyendo públicas, cuyos estudiantes ganan concursos y entran a la universidad con puntajes sobresalientes. Por otro lado, el Gobierno debería estar más pendiente de que cualquier chalecito de barrio no se convierta en una escuela particular.
Detrás de estas reparticiones existe una buena intención, pero eso no basta para tener los resultados que necesitamos. |