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| Una verde distinción |
| María del Pilar Méndez |
Roberto Ibáñez, biólogo de profesión, ha dedicado gran parte de su carrera profesional a la investigación y conservación de los anfibios en Panamá. |
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LA PRENSA/ Oliver Meixner
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Justo ayer, varios países del mundo conmemoraban el Día de la Tierra, con el fin de expresar su preocupación por la contaminación ambiental y la conservación de la biodiversidad del planeta en que vivimos.
Las huellas del cambio climático, la deforestación y una mala jugada de la propia naturaleza, el hongo quitridio, están eliminando especies completas de anfibios.
Por ello, varios investigadores nacionales han tomado la tarea de resguardar las pocas especies de ranas que no han cedido ante la presencia del hongo, el cual algunos investigadores proponen que se originó en Japón.
Entre esos estudiosos está el panameño Roberto Ibáñez Díaz, doctor de Filosofía en Zoología de la Universidad de Connecticut, Estados Unidos, quien debido a su permanente investigación en el estudio de anfibios se ha llevado distinciones muy particulares. Él ha colaborado con científicos norteamericanos que encontraron una nueva especie de reptil en Coclé, que fue bautizada como Anolis ibanezi, en honor al científico panameño.
Por otra parte, el Sistema Nacional de Investigación, de la Secretaría Nacional de Ciencia y Tecnología, creado en 2007, anualmente abre un concurso para escoger a nuevos miembros en las categorías de Investigador Nacional e Investigador Distinguido.
Este año, Roberto Ibáñez se llevó el reconocimiento de Investigador Distinguido, luego de que se atrevió a postularse tras una continua investigación sobre los anfibios en suelo panameño.
Confiesa que no se siente cómodo cuando lo encasillan como herpetólogo (especialista en anfibios y reptiles), ya que es biólogo de profesión y su entrenamiento durante el doctorado está orientado a temas ecológicos. Sin embargo, ha dedicado gran parte de su carrera al estudio de los anfibios.
La nueva especie. En 2005, Ibáñez colaboró con un grupo de científicos norteamericanos de la Universidad de Nuevo México que encontraron una nueva especie de anolis en el Parque Nacional General de División Omar Torrijos Herrera, al norte de El Copé, en Coclé.
La publicación del descubrimiento del Anolis ibanezi se dio en diciembre de 2009, en el diario de herpetología Phyllomedusa.
Los anolis son una especie de lagartija de color verde, con un pliegue en la garganta a modo de papada.
“Es una especie muy llamativa, que también se encuentra en nuestros bosques, en tierras bajas del área central de Panamá, aunque fue descrita desde las tierras altas del oeste del país”, comenta el biólogo.
Ibáñez agrega que es una especie rara, que no se ve con mucha frecuencia. “Sabíamos que había algo por ahí nuevo, pero no estábamos seguros y el grupo de la Universidad de Nuevo México fue el que encontró más individuos de esta especie e hizo estudios más detallados”.
Tras este descubrimiento, el equipo liderado por Steven Poe, del departamento de Biología y el Museo de Biología en la Universidad de Nuevo México en Albuquerque, decidió nombrar a la nueva especie como Anolis ibanezi, como un reconocimiento a la trayectoria de estudios en este grupo de reptiles por el científico panameño.
Anfibios protagonistas. Ibáñez recalca que es importante la conservación de anfibios, debido a que son alimento para otras especies y son fundamentales en el mantenimiento de redes alimenticias.
“Hay especies de serpientes que se alimentan casi exclusivamente de anfibios. Ciertas aves en algunas épocas del año se alimentan de ellos. Por lo menos, en el Parque Soberanía hemos visto que esto es así”, dice el biólogo.
Asimismo, los anfibios son depredadores que cazan moscas, mosquitos y otros insectos, ayudando a controlar sus poblaciones.
Añade Ibáñez que estudios realizados indican que éstos no sólo son importantes en ambientes terrestres, sino también en los acuáticos.
“Muchos tienen una vida doble y cuando desaparece un anfibio de estos, ecológicamente equivale a la desaparición de dos especies, porque viven tanto en el agua como en la tierra, formando parte de los ecosistemas acuáticos y de los ecosistemas terrestres”, señala.
Acción de rescate. Actualmente, Roberto Ibáñez es el director regional del proyecto internacional de Rescate y Conservación de Anfibios en Panamá (ARC), cuya sede está en el Parque Municipal Summit.
Allí están tratando de ganarle terreno al hongo quitridio, que ha acabado con varias especies de ranas en territorio panameño, para lo cual obtienen anfibios en áreas de Panamá que aún no han sido invadidas por este hongo.
Los individuos recolectados irán a las instalaciones de ARC, formando parte del programa de conservación ex situ, es decir, de cría y manejo en cautiverio.
El biólogo comenta que “por lo menos así estamos asegurándonos de que algunas de las especies que creemos son más sensitivas al hongo, las podremos mantener un tiempo en cautiverio hasta que se encuentre una cura del hongo y puedan repoblar las áreas donde habitaban”.
Sobre una posible cura de la enfermedad causada por el hongo, agrega que como parte de ARC, científicos de Estados Unidos de zoológicos como el Houston Zoo, el Parque Zoológico Nacional de Washington D.C, entre otros, están investigando en la piel de las ranas una respuesta, ya que en anfibios norteamericanos se han encontrado bacterias que protegen a las ranas del hongo quitridio.
Sin embargo, los trabajos que se han hecho con la rana dorada panameña no han sido exitosos, por lo que ahora la investigación se está orientando a examinar la piel de otras especies de ranas nativas de Panamá para buscar bacterias que puedan servir para salvar estas especies.
Primeros pasos. Cuando aún era estudiante en la escuela de Biología, Ibáñez participaba en la Sociedad de Investigaciones Biológicas de la Universidad de Panamá (SIBUP).
Allí realizaban giras al campo y actividades estudiantiles.
En una de esas expediciones se requería a alguien que trabajara con anfibios. Él se apuntó y poco a poco le fueron interesando estas especies.
Para el científico, sus especies favoritas son las ranas del género atelopus, a la que pertenece la rana dorada, “pero ésta es sólo una de la variedad de especies que tenemos aquí en nuestro país”.
Reconoce que su constante investigación le ha restado vida familiar, pero su familia ha comprendido y aceptado su trabajo.
“Mi familia me ha apoyado mucho y hasta cierto punto les quito algo de tiempo a ellos, para dedicarlo a la investigación; pero me entienden”, dice el biólogo.
Eso sí, acepta que ninguno de sus hijos está interesado en continuar sus pasos. “Mis hijos, durante sus estudios, no han tenido problema con la materia de biología y les parece algo interesante. Sin embargo, no les interesa estudiarla como una carrera profesional”, cuenta Ibáñez.
Su hijo mayor, Roberto José, está estudiando ingeniería oceánica en Florida Atlantic University. El menor, Nikolai, cursa el sexto año de la secundaria y, por ahora, le interesa la animación por computadora.
Por otro lado, Ibáñez comenta que en Panamá hay cierto auge por el estudio de los anfibios, pero en muchas universidades hace tiempo que se dejaron de dar títulos específicos en herpetología.
“Alguien con un título así no consigue trabajo en ningún lado, por lo que más bien son biólogos evolutivos o tienen otro tipo de títulos que se ofrecen con más frecuencia, pero hay mucha gente orientada al estudio de los anfibios”, afirma.
El biólogo panameño espera poder continuar con su labor de investigación, ayudado por nuevos científicos, para rescatar a las ranas panameñas y preservar las especies para futuras generaciones. |
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