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“La primera menstruación es un evento esperado, ya que [la niña] se ‘desarrolla’ . Ella no siente mayor diferencia, pues el desarrollo es un evento continuo desde antes de esta primera menstruación y sigue posteriormente. Toda esta sensación de ‘cambio’ es mental y emocional.
Además, siente algo de miedo, pues sucede algo desconocido y necesita el apoyo de su madre y las explicaciones pertinentes para hacer que este momento sea llevadero y se integre a la vida diaria o, por lo menos, mensual, de la adolescente”, explica el ginecólogo Konstantino Tserotas.
Por otro lado, para la psicóloga clínica Iliana Machado, la menarquia, como se le llama a la primera menstruación, representa para una niña una importante transición en su vida, es un periodo que marca el paso de la niñez a la vida adulta. Biológicamente, va a estar preparada para ser madre, sin embargo, no psicológicamente.
Mamás listas. Tanto Machado como Tserotas recalcan que es importante que las madres manejen esta situación con la mayor naturalidad posible, que se instruyan para abordar el tema, ya sea con lecturas apropiadas, con sus médicos o el pediatra.
La psicóloga considera que el mejor momento para plantear el tema es cuando se van produciendo cambios corporales, como la alteración de la voz, el crecimiento del vello axilar y púbico, el ensanchamiento de las caderas, el crecimiento de los senos, entre otros. Esto se da, aproximadamente dos años antes de que aparezca la menstruación.
Por su parte, Tserotas dice que las madres deben ser apoyo en ese momento, “pues la primera menstruación sucede de repente y generalmente toma a la adolescente por sorpresa, haciéndola pasar grandes penas”.
Para Machado, algunas madres se estresan ante este acontecimiento debido a que se sienten inseguras sobre cómo educar a sus hijas sobre esto, y en ocasiones esto está asociado a sus propias historias o experiencias.
Algunas también se angustian debido a que le dan a la menstruación una connotación negativa, la asocian con dolor, incomodidad o temen que sus hijas inicien muy tempranamente su vida sexual, por ello, temen también a los embarazos en la adolescencia y a las enfermedades venéreas.
“La falta de educación y los tabúes de nuestra sociedad generan estos problemas”, afirma Tserotas.
Qué decir. “La información que le proporciones debe ir acorde con su edad, es importante que la madre se sienta cómoda con la información que brinda”, dice, por su parte Machado.
Tserotas señala que hay que explicarles que es un proceso natural, en el cual el endometrio, que es la esponja desarrollada mensualmente para recibir al futuro bebé, se elimina si no hay embarazo.
Que pueden ser regulares o irregulares, y las primeras tienden a ser irregulares. Pueden tener cólicos, que no son más que las contracciones del útero para evacuar su contenido y que con antiinflamatorios se pueden controlar.
“Finalmente, que aparte de ser su madre debe considerarla su amiga y que no tenga reparos para expresar sentimientos, dudas y consideraciones”, explica Tserotas.
Asimismo, Machado comenta que las madres deben explicarles a sus hijas en qué consiste la pubertad, los cambios que ocurren en su cuerpo (tanto físicos como emocionales), sus órganos reproductores, sexualidad, las prácticas de higiene, métodos de anticoncepción, entre otros. |