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| LA PRENSA/ Ana Rentería |
¿Cuántas veces no hemos estado contando los minutos dentro de un vehículo, en el embotellamiento de dos horas que no nos deja llegar a nuestro destino?
Desde la ventanilla del auto, el único verdor que se ve es el de un ficus podado a orillas de Calle 50. Alrededor solo hay torres y vallas.
Así vive el panameño. Inconscientemente todo esto nos lleva a un estado de ansiedad y, por ende, al estrés diario.
Los psiquiatras Juana Herrera y Carlos Smith presentaron la ponencia “Salud mental y ciudades saludables”, para demostrar que la ciudad de Panamá solo tiene de amigable las sonrisas de su gente.
Esta presentación se basó en las conclusiones del estudio realizado para el saneamiento de la bahía de Panamá, por un equipo multidisciplinario que incluyó profesionales como arquitectos, urbanistas, trabajadores sociales, ingenieros civiles, que estudiaron el desarrollo urbanístico, la contaminación ambiental, visual y por ruido, y el tráfico vehicular de la ciudad capital.
Herrera, en entrevista para Ellas, reconoce que esta no es una realidad exclusiva de nuestro país, sino que se replica en casi todas las capitales de los países en vías de desarrollo, como Lima, Perú, y San José, Costa Rica.
Necesitamos áreas verdes. La psiquiatra explica que en la ciudad de Panamá no hay suficientes áreas verdes en donde los panameños puedan caminar, sentarse y tomar aire fresco, y esto representa una limitante para una buena salud mental.
Así también lo piensa el arquitecto Álvaro González Clare, quien destaca que, según los estándares de los países desarrollados, cada persona debe tener, por lo menos, 10 metros cuadrados para área de recreación. Apunta que en los países de la región, en vías de desarrollo, este estándar baja a siete metros cuadrados por persona, pero ese ni siquiera es el caso de Panamá.
Explica que, contando el este de la ciudad y los distritos de Panamá y San Miguelito, hay un millón de habitantes, eso quiere decir que se necesitan siete millones de metros cuadrados (700 hectáreas) de áreas verdes en la ciudad.
Según el listado de parques y plazas del Municipio de Panamá, existen 203, repartidos en los diferentes corregimientos.
González Clare estima que en la ciudad existen apenas 150 hectáreas de áreas recreativas, lo que representa un metro y medio cuadrado por habitante, es decir 4% de lo que le correspondería.
Por otro lado, el arquitecto señala que las normas de urbanismo indican que cada proyecto de vivienda debe dejar a los ciudadanos 5% de tierra útil para recreación y esto debe ser fiscalizado por el Ministerio de Vivienda.
Manifiesta que algunos urbanizadores “mezquinamente” tratan de dar lo mínimo o el peor sitio. Dejan un barranco, un terreno con un río en medio o un área inundable como ese 5% que pertenece a los ciudadanos.
Asimismo, explica que hay corporaciones que se benefician de que no haya parques, como los centros comerciales. “Los malls han sustituido a los parques, lo cual hasta cierto punto es ingrato, porque están produciendo una vorágine de consumismo. El ciudadano debería tener acceso a esos espacios sin estar presionado comercialmente”, menciona.
El arquitecto no da todo por perdido y reconoce un avance en la creación del Viceministerio de Ordenamiento Territorial, encabezado por Marta de Álvarez.
Cultura accesible. Por otro lado, la psicóloga y especialista en salud ocupacional, Priscila Vásquez, coincide con Juana Herrera al destacar que es fundamental que también se motive la cultura para recreación, haciendo obras teatrales en los barrios y dejando la percepción elitista de los museos.
Para la actriz de teatro Yimara Pérez Royko, la actividad teatral ha mejorado su oferta, como drama, terror, musicales, infantiles, pero es la comedia la que reina. Pérez Royko señala que es una escape para el estrés diario.
La actriz considera que el teatro en Panamá aún está en crecimiento, por lo que puede que una de las vertientes que tome sea la proyección comunitaria.
Además, muchas escuelas ya están creando sus grupos de teatro, por lo que se motiva a los niños y jóvenes a que amen el teatro, trabajen en equipo y se alejen de actividades nocivas.
Una vida en el tranque. La falta de un sistema de transporte adecuado y la gran cantidad de carros en circulación genera embotellamientos que producen estrés, indica Herrera.
Según datos de la Autoridad del Tránsito y Transporte Terrestre, el tiempo promedio de movilización en el área metropolitana es de 56.6 minutos en horas pico. Estamos hablando de que más de 950 mil panameños que trabajan (según la encuesta de hogares de agosto de 2009), pasa dos horas, una en la mañana y una en la tarde, tratando de llegar a su destino.
Priscila Vásquez manifiesta que dormir menos para levantarse más temprano y evitar el tranque, también afecta la calidad de vida.
Como los recorridos de la casa al trabajo toman mucho tiempo, se le resta horas vitales a la convivencia familiar, pues los niños terminan pasando más tiempo con vecinas, abuelos y en guarderías que con sus padres.
Pasadas las ocho horas de trabajo. Sin embargo, la psicóloga comenta que la sobrecarga de trabajo va ligada a la economía. Las alzas en los precios de la canasta básica familiar obligan a los responsables de una familia a trabajar más horas.
El estudio “Horas de trabajo alrededor del mundo: Tendencia en horarios de trabajo, leyes y políticas en una perspectiva comparativa global”, de la Organización Internacional del Trabajo, dice que alrededor del 22% de la fuerza de trabajo mundial, tiene jornadas de duración excesiva (más de 48 horas a la semana).
Este estudio demuestra que en países en vías de desarrollo, como Panamá, los trabajadores pasan más de 48 horas semanales trabajando, ya sea en horas extras o haciendo “camarones” para cumplir con sus gastos.
Vásquez señala que en el trabajo también la gente vive en constante estrés, producido por los jefes o las mediciones de productividad, y este puede llegar al acoso laboral, provocando humillaciones y una baja autoestima.
“La gente, si se siente bien, trabaja, no hay necesidad de acosar a las personas”, menciona la psicóloga laboral.
Menciona que los jefes deben dar instrucciones claras sobre el trabajo y no tratar los errores en su ejecución como defectos personales del empleado. Además, deben tener los objetivos claros en relación con lo que esperan del trabajador.
Añade que hay tipos de trabajo en donde se supervisa electrónicamente a los subalternos y esto crea estrés. Por ejemplo, en los call centers suelen tener este tipo de presión debido a que la persona debe recibir una cantidad de llamadas por minuto o vender productos en determinado tiempo.
¡Nos ahogamos! Tanto para Juana Herrera como para Priscilla Vásquez, la crisis en la recolección de la basura, la falta de agua potable y las inundaciones influyen en el estado emocional de las personas.
“Hay quienes que se tienen que levantar a las 2:00 ó 3:00 de la mañana para coger agua. Descansan una hora y se tienen que ir a trabajar. Entonces ¿qué calidad de vida le estamos dando a nuestra población?”, dice Herrera.
Vásquez recuerda que antes, cuando llovía, la gente veía una oportunidad para dormir más y descansar. “Ahora, cuando llueve, hay una posibilidad de que se inunden nuestras casas, entonces ya no dormimos, nos asustamos”, comenta.
“Cuando llueve fuerte, la gente piensa en las inundaciones y se vuelve un pequeño caos. Eso altera y genera ansiedad y estrés”, dice Herrera.
Al diván. Ambas expertas coinciden en que no hay un registro específico que indique si los panameños están acudiendo más a atenderse con los especialistas en salud mental, pero afirman que las consultas han aumentado.
“La mayoría de nuestros colegas, tanto en el sector privado como en las instituciones estatales, no tienen cupo”, dice Herrera.
Reconoce que esto obedece a dos razones: a que las personas están perdiendo el miedo a atenderse con profesionales de salud mental, y que están reconociendo que tienen un problema y están buscando ayuda.
Por esto recomienda que se empiece con el psicólogo si no se atreve a ir al psiquiatra, “pero que hable con alguien”. Incluso puede dirigirse a su sacerdote o pastor de la iglesia, recomienda.
La medicación solo debe darse en casos extremos de estrés, en donde la persona presente síntomas muy severos que afecten su desempeño.
No se estrese.
• Levántese más temprano para tratar de no toparse con el embotellamiento vehicular.
• Si se encuentra en medio de un tranque, ponga música suave (no de relajamiento porque puede dormirse). Preferiblemente música instrumental. Los noticieros pueden ponerlo más tenso.
• Si está atrapado en el congestionamiento vehicular, aprecie su entorno, así no haya árboles.
• Si se transporta en bus, también debe levantarse temprano para conseguir puesto. Al ir de pie no podrá relajarse del todo, puede usar un reproductor de música para relajarse.
• Al viajar en bus, en la fila del banco o en una sala de espera, lleve un libro o un cuaderno de anotaciones para apuntar sus pensamientos, puede que hasta resulte un escrito de eso. Propóngase proyectos de vida.
• Haga una agenda semanal para programar sus actividades de cada día, no trate de hacer todo en un solo día.
• Se recomienda que los estudiantes vayan a las escuelas que
queden cerca de sus casas para que no pasen largos períodos de tiempo en los buses y colegiales.
• No se automedique con antidepresivos ni tranquilizantes.
“El tranque no lo vamos a poder cambiar, pero sí podemos cambiar nosotros”, puntualiza la psiquiatra Juana Herrera.
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| Las normas de urbanismo indican que cada proyecto de vivienda debe dejar a los ciudadanos 5% de tierra útil. LA PRENSA/ Eric Batista |
La crisis en la recolección de basura también afecta el estado emocional y la salud de los panameños. LA PRENSA/ Ana Rentería |
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