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Publicado el viernes 27 de agosto de 2010
Edición No. 1057
Conversación
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Pregonando ‘sensibilización’
Vannie Arrocha Morán

El hombre que barre y llora delante de sus hijos es el nuevo modelo de masculinidad, estima el psicólogo y especialista en violencia de género, Carmelo Hernández.

 

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La Prensa/ Oliver Meixner
A Carmelo Hernández le exaspera que la mujer sea utilizada como “mercadería” en la publicidad; eso dejó claro el expositor en el breve taller de “Sensibilización sobre violencia de género, lenguaje sexista y medios de comunicación”, ofrecido por el Instituto Nacional de la Mujer y la Agencia Española de Cooperación Internacional (Aecid), en julio.

Violencia de género y violencia doméstica, ¿dónde está su diferencia?
La de género es aquella que se ejerce sobre la mujer por el mero hecho de ser mujer. En la doméstica entran distintas figuras que integran el medio familiar, hijos, abuelos, que pueden tener disputas. Son dos ámbitos diferenciables. Es cierto que la mayor parte de la violencia doméstica es violencia de género y al revés, porque reside en el ámbito de las relaciones familiares.

¿‘Violencia de género’ es un término válido?
Es una violencia estructural que está en la sociedad instalada desde siempre. Si a esa violencia la metemos en un saco y le damos un nombre distinto, como violencia intrafamiliar, doméstica, esa realidad estructural que forma parte de todas las sociedades, de todas las organizaciones, queda minimizada, confundida.

¿Es necesario decir la niña y el niño?
Tiene relación directa con el derecho [de las mujeres] a ser pensadas como seres que existen con entidad propia. Aunque el uso
del lenguaje inclusivo o no machista está en progresión, es importante acelerar el proceso al máximo por justicia social y equidad de género.

¿También hay que feminizar las palabras?
Hay palabras que no se deben cambiar, por ejemplo, la señora juez. No podemos caer en el esperpento de querer transformar un lenguaje, porque hay palabras que son neutras. Los excesos, tanto por un lado como por el otro, son detestables, a veces se cae en el ridículo.

¿Sensibilizas a tu familia?
Una educación en que el lenguaje sea el soporte, nunca la coacción. Tienes que ser un espejo como hombre, de que puedes ser un gran cocinero, limpiar tu casa, ponerte un delantal, ir a comprar los alimentos, escribir poesía, llorar, ser un hombre sensible. Todo esto forma parte de un escaparate con el que te vas mostrando delante de tus propios hijos, todo eso les cala.
 

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