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| Cantando en Roma |
| Vannie Arrocha Morán |
Osiris Stanziola Tello. Desde hace 23 años, la voz de una chiricana forma parte del Coro del Teatro Dell’Opera di Roma, como soprano lírica. En dos años planea regresar a su país natal para dedicarse a la enseñanza. |
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| LA PRENSA/Oliver Meixner |
En Roma, Italia, entre el cruce de las vías Firenze, Torino y Viminale, se encuentra el Teatro Dell’Opera di Roma. Aquel teatro construido en 1879 es el escenario soñado para muchos artistas del canto; mas para la panameña cédula 4, Osiris Stanziola Tello, ha sido una realidad por 23 años.
La vida es un canto. A Osiris Stanziola, el camino que la condujo hacia la ópera comenzó en su madre Hormilda Tello, una maestra que cantaba el Ave María cada vez que había un matrimonio en la capilla de la Medalla Milagrosa, en el Barrio Bolívar de David, Chiriquí, y que, en la intimidad de su casa, se la pasaba cantando.
“Mi mamá tenía una lindísima voz y quería que yo cantara”, expresa Stanziola con un denotado acento italiano.
“Desde niña mi pasión fue cantar. En la escuela todos me conocían cantando”, asegura.
A los 15 años, su tía Nora Pérez la invitó a vivir con ella en la ciudad capital para que estudiara en el conservatorio de música.
El entonces director del Instituto Nacional de Cultura, Jaime Ingram, consideró que la voz de Osiris Stanziola podía perfeccionarse aun más.
Con una beca fue enviada a estudiar a Colombia con Silvia Moscovici. Después de dos años, ésta le dijo a Ingram que enviara a
la joven a estudiar a Europa porque ella ya no tenía nada que enseñarle.
Stanziola (la cuarta de cinco hermanos) tuvo que decidir entre dos becas, una tenía como destino España y la otra Italia.
Como su abuelo paterno era italiano se sintió atraída por la beca en Roma, cuenta la soprano que hoy posee dos nacionalidades, la panameña y la italiana.
Fueron siete años de estudio en el Instituto de Música Santa Cecilia, donde aprendió “muchísimo”, pero sobre todo que “en Italia nació el canto y era allí donde yo tenía que estar”.
Finalizando sus estudios, participó en una audición para el Teatro Dell’Opera di Roma, a la que acudieron 200 artistas de diferentes partes del mundo; solo escogieron a cinco, incluyéndola a ella.
Dos décadas sobre el escenario. En la página web del teatro (www.operaroma.it), en la pestaña de artistas, aparecen los 82 nombres que conforman el coro. El nombre de Stanziola aparece bajo el título “soprano secundi”.
En una ópera, el coro es “una parte muy importante, complementa la obra musicalmente. Es casi tan protagonista como los solistas”, dice.
“Los solistas les temen al coro, buscan la forma de caernos bien, están con mucho temor de ser juzgados, porque cada corista es un cantante profesional. Muchas veces llegan con contratos de la agencia y no siempre están a la altura de nosotros, y a veces protestamos”.
El ciclo de la temporada del Teatro Dell’Opera di Roma va de septiembre a agosto, en los que llegan a proyectar alrededor de ocho obras musicales, y en verano se presentan al aire libre.
Del repertorio italiano, Aida y Rigoletto, de Giuseppe Verdi, y La Bohème, de Giacomo Puccini, están entre los títulos favoritos para Stanziola, que son obras que incluso llegó a cantar como solista.
En cuanto a la preparación, cuenta que una obra se ensaya por dos meses; primero, la partitura en la sala-coro; luego se ensaya junto con la orquesta; después se integran al grupo los solistas; y por último, se practican las escenas y... el espectáculo está en su punto.
Agrega que los vestuarios de la ópera de este teatro son todos muy lujosos, pero recuerda que en la obra rusa La novia del zar se usaron pieles verdaderas. Hubo “extralujo”, comenta.
En el teatro, sus jornadas laborales son de seis días, que no deben exceder las seis horas diarias, incluyendo las tres horas que, por lo general, toma la presentación de una ópera. De su salario, Stanziola dice que devenga una cantidad importante, que va acorde con sus años de estudio y los idiomas que domina para interpretar las obras musicales en portugués, francés, ruso, inglés, italiano y su nativo español.
Para mantenerse dentro del coro del Teatro Dell’Opera di Roma y cantar al lado de figuras como Plácido Domingo, el cantante Andrea Bocelli o el fallecido Luciano Pavarotti, la competencia es reñida. Stanziola explica que cada cierto tiempo es evaluada y que desistió de ser solista porque requiere de mucho sacrificio.
Segundo encuentro. La soprano lírica llega a las cercanías del Teatro Nacional de Panamá en el sofocante mediodía del viernes. Su minidress de estampado floral, sus tacones violeta y su melena suelta llaman la atención de los hombres al volante.
En el restaurante Ego y Narciso pide un jugo de naranja, mientras que comenta que cuida su voz, “durmiendo mucho, no fumando, no tomando, evitando corrientes de agua, cambios de temperatura”. Añade que en Panamá le afectan los aires acondicionados tan fríos y luego salir al calor del exterior, “ese cambio para la voz es fatal”.
El salonero sirve el platillo y se retira. “El pulpo tiene mayonesa, aceite de oliva y miel”, dice Stanziola, tratando de adivinar la receta. Saca una libreta de su bolso y pide una pluma para que no se le olvide la información.
Dice que le encanta descubrir los ingredientes de los platos y que le encanta cocinar; entre sus platillos italianos favoritos menciona tortellini y spaghetti a la vongole.
En su tiempo libre, cuando no está inventando algo en la cocina de su casa en Roma, se dedica a la pintura; cuenta que ha sido empírica en este arte, que es una necesidad de expresión para ella y que los cuadros se los obsequia a su hija Amarillis, de 23 años. También dice que es fanática de la poesía, en especial de la obra de Pablo Neruda. “Me gusta cuando callas, porque estás como ausente”, recita. Y cuando necesita caminar para sosegarse, se la ve pasear por la zona del Foro Imperial.
Con efusividad dice que Roma es una ciudad divina. Sin embargo, desea regresarse a su país natal en aproximadamente dos años.
“No me resigno a quedarme allá. Pronto voy a regresar. Y me gustaría enseñar a las personas lo que he aprendido. Aquí hay cantidad de talento, y que si lo guías mal se pierde. Yo tuve mucha suerte y esa suerte hay que compartirla, en todos los sentidos”. |
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