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Publicado el viernes 27 de agosto de 2010
Edición No. 1057
Salud
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Epilepsia y embarazo
María del Pilar Méndez

Con un buen control entre el ginecólogo y el neurólogo, la mujer que padece de epilepsia puede tener un embarazo normal.

 

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La epilepsia es el trastorno neurológico más común, llegando a afectar a entre 1% y 2% de la población. Hay diferentes clases de epilepsia, dependiendo de sus manifestaciones, siendo las convulsiones tónico-clónica generalizadas o epilepsia mayor, alrededor del 60% de los casos.

La ginecóloga obstetra Rosa María Isaza indica que en Estados Unidos se estima que por cada mil embarazadas, cuatro pacientes pueden presentar esta condición.

Señala que las convulsiones en sí no son la enfermedad, sino una manifestación de ésta, que generalmente consiste en una alteración en la actividad eléctrica cerebral y su presentación dependerá en gran medida de las áreas del cerebro afectadas.

Por esta razón, lo ideal es que la paciente planifique su embarazo con la asesoría de su obstetra y de su neurólogo.

Isaza comenta que si la paciente ha estado libre de convulsiones por un período mayor de dos años podría considerarse suspender la medicación durante el embarazo, la cual se reinicia si vuelve a presentar convulsiones.

Riesgos. Se considera que la paciente epiléptica tiene un riesgo mayor que la población general de tener un bebé con malformaciones, ya sea que tome o no medicación.

Por ello a la futura madre se le deben realizar pruebas de tamizaje materno, que permiten detectar en sangre ciertas hormonas (estriol, fracción beta de gonadotropina coriónica y alfafetoprotina) a través de las cuales se calcula si hay un riesgo aumentado de malformaciones, entre ellas defectos del tubo neural.

Asimismo debe realizarse un ultrasonido detallado de la anatomía fetal en busca de anomalías.

Por otro lado, Isaza dice que la posibilidad de que una madre con epilepsia tenga un bebé con este mismo trastorno es baja, a menos que haya una fuerte historia familiar de la enfermedad.

Medicamentos. Los fármacos más  utilizados para tratar las convulsiones se consideran que pueden estar asociados con malformaciones fetales.

El tratamiento ideal sería utilizar solo un medicamento y en la menor dosis posible, pero eso va a depender del control de la enfermedad que la paciente lleve antes del embarazo.

También algunos fármacos pueden causar alteraciones en el metabolismo y absorción de los folatos, de ahí la gran importancia de la suplementación con ácido fólico.

Isaza señala que las convulsiones prolongadas pueden causar hipoxia (falta de oxigenación adecuada), en el feto por disminución del flujo sanguíneo en la placenta. Si la hipoxia es prolongada pueden darse alteraciones del bienestar fetal y hasta muerte fetal.

Aunque pueden detectarse niveles de los fármacos en la leche materna, esto no se considera una contraindicación para la lactancia.

Algunas madres se muestran aprensivas frente a la lactancia porque piensan que si tienen alguna convulsión pueden dejar caer al bebé y causarle algún daño, pero en las pacientes bien controladas esto es poco probable, por lo que se les anima a dar pecho por los múltiples beneficios que representa para ella y para el bebé.

La ginecóloga considera que una paciente con buen control previo al embarazo tiene más de 90% de posibilidades de llevar adelante un embarazo sin complicaciones y de tener un bebé normal.

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