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Publicado el viernes 06 de mayo de 2011
Edición No. 1093
Personaje
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‘El Casco Antiguo es mi vida’
Ileana Pérez Burgos

Hildegarde Vásquez. La arquitecta especialista en restauración asegura que cambiar la vida de las mujeres que viven en el Casco Antiguo le produce más satisfacción que terminar un edificio.

 

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LA PRENSA/Jazmín Saldaña
A finales de 1994, Hildegarde Vásquez acababa de regresar de Estados Unidos, tras terminar sus estudios en arquitectura, cuando un amigo la invitó a una reunión donde se hablaría de  establecer una fundación con la meta de  proteger  el patrimonio del Casco Antiguo.

Esta reunión, en buena  medida, marcó la dirección de la arquitecta a partir de ese momento. “No me vi en ningún otro lado de la ciudad”, cuenta de su flechazo por el Casco Viejo, reconociendo que siempre tuvo atracción por lo histórico y  en el exterior residió en viviendas restauradas.

En ese momento decide estudiar en España  una maestría en restauración. En aquella reunión también  conoció a quien sería su esposo.

En 1997, Vásquez ya era residente de este antiguo barrio, establece su estudio de arquitectura especializada en restauración (Hache Uve); y su primer proyecto fue su casa, que pertenecía a la familia de su esposo.

Hoy ella es la presidenta de Calicanto, la ONG que se inició en aquella reunión de 1994. Este año recibió mención de honor del premio Avon por su labor a favor de las mujeres de San Felipe; y también logró la aceptación de Calicanto en Global Giving, organización que permite recaudar fondos internacionalmente.

Es la primera ONG panameña aceptada en este organismo internacional; y al cierre de esta edición, habían recaudado más de 13 mil dólares en el rally de Global Giving  que terminó el sábado pasado.

Valioso patrimonio.     

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La arquitecta hildegarde vásquez junto a sus hijas Catalina, Alicia y Magdalena. LA PRENSA/Jazmín Saldaña
“Con 900 dólares tú tienes dos opciones, te puedes comprar una cartera o cambiarle la vida a una mujer”, cuenta Hildegarde de  lo que le propone a otras mujeres en reuniones para recaudar fondos.

 Explica  que cuando la Unesco declaró al Casco Antiguo patrimonio de la humanidad, uno de los temas en los que hizo hincapié fue que “la protección del patrimonio no es nada más del patrimonio histórico sino también del patrimonio humano”.
 
 Entonces ella se preguntó “¿cómo cierro el círculo de la pobreza para que las personas puedan optar por una casa y se queden aquí?”.
 
En 2006, crea el programa Capta, que se enfoca en capacitar a mujeres del barrio, de escasos recursos, para que se inserten en el mercado laboral.

Les dan un curso de seis semanas, dictado por voluntarios y profesores. Cuatro se dedican a un “bombardeo psicológico”, dice Vásquez de la parte motivacional y de autoestima del curso; y dos semanas a enseñarles el oficio  de  salonera o recamarera.

El primer año hicieron un curso, y este año esperan lograr siete. En cada uno se preparan   20 mujeres.

“Cuando se gradúa un grupo de  mujeres y me paro allí adelante y les hablo y veo sus  caras, mi nivel de felicidad es mucho más grande que cuando termino un edificio,  un nivel de felicidad que no te  lo da hacer algo por ti”, comenta.

“Uno de los descubrimientos que he hecho  a través del tiempo es que la pobreza urbana no solo es   monetaria sino también de espíritu”.

Cuenta que al iniciar el programa su meta era “que trabajaran y  se quedaran en el Casco”, pero con el tiempo la meta se ha ajustado a la realidad.

“No sabía  el nivel de violencia con que viven las mujeres en Panamá... nunca me  imaginé  que la violencia urbana fuera tan fea y degradante, la pistola es parte de sus vidas, pero también el deseo de poder cambiar y de que les den una oportunidad no tiene edad, las de 50 están igual de felices que las de 18 [dentro del curso]”.

Ahora describe el objetivo de Capta como romper el ciclo de sentirse menos. “La idea de Capta al final del día es que si tú desarrollas la autoestima de la persona, ella puede tener la capacidad de ir a trabajar”.

Pero ya no pretende, como al inicio, que el 100% de las que asisten al curso lleguen a trabajar. “Les damos las herramientas para que con ellas tomen decisiones de vida”. A las graduadas las llama “bombas positivas” que se lanzan a sus hogares y su comunidad.

Calicanto también lleva el programa para niños Enlaces, que partió de la idea de Analida Galindo. En este, niños de las escuelas del barrio con talento para la danza audicionan para estar en el programa y además de clases de danza, les refuerzan sus estudios en español y matemáticas.

Cambiando estereotipos.

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Vásquez vive y trabaja en el Casco Antiguo, y dice que este barrio es parte integral de su matrimonio y su familia. LA PRENSA/Jazmín Saldaña
“Todo mundo me decía que yo estaba loca, que cómo iba a vivir aquí con esos maleantes, pero ellos para mí no son maleantes”, dice recalcando  que son sus vecinos, los conoce y aprecia.

“Yo no he visto ningún centro histórico que haya sacado a su gente, y que la gente lo aprecie... Creo en un casco integrado, no lo veo de ninguna otra manera”.

Considera “que el problema de seguridad no está en tener que poner la cerca o el muro más alto, está en bajar la guardia y comenzar a conocer a estas personas, son igual que tú... Hasta que no nos volvamos una sociedad inclusiva en vez de exclusiva, yo no creo que vamos para ningún lado y siento que en el Casco Antiguo sí se ha logrado esta integración.

Crear la comunidad que queremos ser  implica involucrarte en diferente niveles, si tenemos que echarnos pelea, nos echamos pelea, si tenemos que trabajar con los vecinos, lo hacemos”.

Insiste en que esta interacción comience desde la infancia, pues sostiene que los chicos de hoy solo quieren gratificación instantánea.
 
“En qué momento le enseñamos a los niños que no es “quiero recibir” sino “tengo que dar”. Para que así logren llegar a decir “Yo no voy a subir el muro, voy a conocer a esa persona que vive del otro  lado”.

Su pasión por este barrio, dice que es una complicidad de pareja, pues su esposo la comparte. “Es otro hijo de nuestro matrimonio al que vamos a defender”. 

Por estos días  lucha por el plan de cercar el barrio antiguo con la cinta costera, sostiene que no es una discusión para ver “que es más importante el progreso o el patrimonio”, sino que hay maneras alternas para que no se afecte ni lo uno ni lo otro, sino para que evolucione la ciudad.

“Lo seguiré luchando... El casco es mi vida. Tengo tres hijas y tengo al casco”.

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