Eran casi las 8:00 de la noche. Aún teníamos entre pecho y espalda un proyecto especial.
Nuestras baterías ya estaban, como en los teléfonos celulares, en una rayita, pero nos entusiasmaba la idea de trabajar en una edición récord de 180 páginas.
Fue entonces cuando rompió nuestra sesuda concentración un grito de ¡ouuueeee!
No salió de Contabilidad, que es una de las oficinas próximas; tampoco de los vecinos de Mercadeo. Pensé que podría ser de los lares de Producción, donde la mayoría del personal es masculino.
Tan nítido fue el grito que a mí vino la visión de un hombre con su sombrero pintao y su machete.
Primero nos molestamos, ¿a quién se le ocurría semejante alharaca en una oficina a esa hora de la noche? Después nos reímos y volvimos a nuestros teclados.
En el campo la saloma alivia y alegra al campesino en la faena. Aquí en las oficinas deberíamos tener algo así como la saloma para alegrarnos a veces. No crean, siento ganas de gritar con esos aires acondicionados tan fríos.
Qué inconformes somos. Yo me quejo de frío, y ¿qué hay de aquellos que trabajan bajo un sol que pela?
Muchos campesinos trabajan en soledad, caminan distancias largas y se paran bonito frente al calor. Qué mejor para animarse que una saloma que a veces se convierte en una cascada de ecos porque otro hombre por allá lejos responde.
Bonita que es la saloma. Seguro inspirada en la brisa, en las plantas, en la belleza de las montañas y del llano.
El ¡ouuueee! es también un saludo al llegar a una casa. Una manera de animarse en una junta de embarre. No falta en un tamborito, en una cantadera ni en el repertorio de una cantalante que se respete, durante un pindín bien bueno. Por supuesto, está en los bailes de los conjuntos de proyecciones folclóricas.
El Festival Nacional de la Voz y el Canto Manuel F. Zárate, que organiza el Ministerio de Educación y que ya tiene 32 años, incluye categorías para grito y saloma. Qué formidable manera de incentivar estas costumbres en los niños.
Es increíble escuchar a esos pequeñitos sacar una voz tan potente del pecho, y esto ocurre en el Instituto Don Bosco o en el Instituto Profesional Isabel Herrera de Obaldía, o sea, a pocos pasos de los malls, de los rascacielos y del concreto de la ciudad de Panamá.
El Diccionario de la Real Academia define así la saloma: Son cadencioso con que acompañan los marineros y otros operarios su faena, para hacer simultáneo el esfuerzo de todos.
Para los panameños una saloma bien podría ser la clave, la contraseña para reconocer a uno de los nuestros en la estepa rusa, en Tierra del Fuego o en la Luna. |