En 1988, Sarah Doukas, cazadora de talentos en el mundo del modelaje, le pidió al fotógrafo David Ross que hiciera unas pruebas a una inglesa de 14 años que había visto en el aeropuerto JFK de Nueva York.
Frente al lente la joven se mostró como una adolescente cualquiera, un poco dura ocultando los nervios. Ross quedó encantado. Nadie podía imaginar que ella, Kate Moss, se convertiría en una de las modelos más cotizadas de las siguientes dos décadas.
Tres fotos de esa sesión fueron puestas en subasta por la casa Bloomsbury en Londres, con un precio estimado entre los 800 y 1,000 dólares.
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