Publicado el Viernes 21 de diciembre de 2007
  Edición No. 927
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POR LA SOMBRITA
Consultas fuera de oficina

Algunos profesionales no tienen día libre y cargan con sus consejos adonde quiera que vayan. Sea en la playa o a la entrada del cine, se topan con conocidos que le piden diagnóstico y arreglo para sus dientes o el automóvil.

Roxana MuÑoz
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Mucha gente ama la forma en que se gana la vida, pero cuando alguien está en la silla del dentista o empapado en vestido de baño, lo último que le apetece es responder consultas relacionadas con su profesión.

A mí pocos me preguntan sobre mi trabajo. Si acaso me consultan sobre cómo hacer para sacar una foto de bodas o quinceaños en el periódico, y algunos conocidos me piden ayuda para hacer álbumes escolares con recortes de diarios. No más. Pero hay otros cientos de especialistas que por donde caminan tienen que ir dando consejos gratis.

Entre esos está: el ortodoncista que en medio de una feria escolar es cuestionado sobre cuánto saldría cerrar un espacio entre dos incisivos. Una cosita de nada, no hay que ponerse frenos ¿verdad? El mecánico que es acosado en el cumpleaños del sobrino con preguntas como: ‘mi carro tiene un ruido que al arrancar es como chisss. . . y al acelerar es como chasss ¿qué podrá ser?’. O el funcionario de Hacienda y Tesoro al que le preguntan ‘tengo un terreno por el que hace años no pago impuesto inmueble, ¿eso será un problema?’.

Los abogados, los psicólogos, los ingenieros en sistemas, no se salvan de dar asesorías a amigos, familiares y vecinos. Lo curioso es que pensamos que podemos hacer esas consultas de manera efectiva en la fila de un banco, cuando obviamente ningún médico nos puede dar un diagnóstico sin examinarnos y difícilmente un mecánico podrá repararnos el auto sin haber visto el problema.

Cuando recién se empieza la vida profesional, qué bien es que todo el mundo se refiera a uno como maestro, licenciado, doctor, arquitecto, ingeniera, secretaria. Pero tarde o temprano cansa que la gente, incluso personas que acabamos de conocer, nos cuestione sobre temas relacionados con el trabajo hasta cuando estamos en la playa llenos de arena.

Algunos profesionales no son acosados por su profesión, sino por el lugar en el que trabajan. Quienes laboran en sitios donde (el resto suponemos, pero sólo el que está allá adentro sabe la verdad) se paga bien, enseguida son blanco de preguntas como: ‘¿y tú cómo entraste allí?’ y ‘¿no habrá un puestecito para mi ahijado o para mí?’. No se puede culpar a estas personas por lanzar su mejor gancho; pero el que alguien trabaje en un lugar no significa que sea el dueño o el amo y señor de esos dominios.

Hay consultas insólitas donde poco falta para que se le pregunte a los funcionarios: ‘¿no me podrás hacer el trámite de la licencia de conducir o de la cédula y yo solo paso a buscarla a tu casa?’.

A los muchachos que están por elegir una carrera, les digo: miren bien en lo que se meten porque después será muy difícil desprenderse de esa etiqueta. Tengo conocidos que se dedican a comentar deportes y lo que parece uno de los trabajos más entretenidos del mundo, en verdad también tiene su parte mala. A donde vayan se encontrarán con gente, sobre todo varones, diciéndoles ‘viste cómo le robaron la pelea a fulano’, ‘no te parece que ese entrenador es un vendido’, ‘¿por qué jugamos como nunca y perdemos como siempre?’.

No sé ni un ápice de esas materias, pero sufro por aquellos oráculos de la sabiduría deportiva que a donde van encuentran fanáticos con ganas de dar opiniones durante horas y horas con esta actitud de que son expertos y de que es una lástima el que por cinco minutos no los pongan al mando de la selección de Panamá.

Abusar de la confianza para pedir consejos gratis es un tema del cual se puede decir mucho, pero lo voy a dejar hasta aquí, porque tengo que preguntarle a Daniel Domínguez, mi colega experto en cine, qué película me recomienda para ver este fin de semana.


 
 
 
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