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Una cara de Pimpinela
Lucía Galán
Una conversación
en la que se descubre a una mujer segura, profesional y con firmes
exigencias, las que ella entrega al público en cada concierto,
con cada disco. Lineth O. Del Cid T.
Mientras esperábamos,
en un salón cercano se realizaba un almuerzo de trabajo. Una joven
que atendía el tráfico de los platos estaba pendiente de nuestros
movimientos, pues ya se había corrido la voz que Pimpinela estaba
en el hotel y que pasada la una de la tarde atendería a los medios
de comunicación.
Lucía y Joaquín Galán
llegaron al pasillo y saludaron a los periodistas, besos y abrazos
para todos. En tanto, la joven llamó a una compañera de labor y
con voz emocionada le señaló que “ellos son Pimpinela”. Sonreía
nerviosa, estaba emocionada.
No era para menos.
Los hermanos Galán iniciaron su carrera artística en 1981, y con
cada año fueron ganando premios y verdaderos conocedores de su
música, sus composiciones y ese arte para dar vida en el escenario
a las letras de sus interpretaciones.
En cada entrevista,
al paso de los años, plasmaban la importancia y la fortaleza que
su familia les infundaba para añadir nuevos proyectos en su carrera.
Recordamos, por ejemplo, los tríos musicales con Dyango y Diego
Armando Maradona; las baladas con letras de amor y nostalgia; el
vídeo junto a sus padres, sobrinos y primos; el anuncio de apertura
del Hogar Pimpinela; la boda de Lucía así como los nuevos trabajos
discográficos.
Durante su visita
en Panamá, con algunos días de descanso, Ellas tuvo la oportunidad
de conversar unos minutos con Lucía Galán, para conocer sus opiniones
sobre su profesión, sus proyectos y sobre su hermano, Joaquín,
su eterno compañero.
Respeto al público
Con algo más de 23
años de vida artística, Lucía Galán es una profesional con las
ideas muy claras. Su vida no ha estado en las columnas de chismes
para las revistas de farándula, por lo que poco se ha conocido
de su matrimonio, del nacimiento de su hija y su divorcio hace
algunos años.
Asegura que luego
del nacimiento de su hija su ritmo laboral ha bajado, pues se plantea
giras más cortas con la idea de estar más tiempo junto a ella.
Lucía, una mujer
de 43 años y “sin pareja”, vive en Buenos Aires, una ciudad actualmente
convulsionada y que le preocupa en muchos sentidos. Junto a Joaquín,
pone su granito de arena con el Hogar Pimpinela para la Niñez,
abierto desde 1996 y donde se cuidan y se atienden a unos 25 menores
.
—Inició su
carrera desde muy joven. ¿Con esa experiencia qué le puede
aconsejar a los que se inician en la vida artística musical?
—Cuando nosotros
empezamos, hace algo más de 23 años, lo tomamos con la seriedad
de una progresión. Es decir, una carrera con proyección a varios
años, no de un disco o una canción pasajera. No sé si es consejo,
pero sí creo que les diría que se lo tomen en serio, que se preparen
primero, que estudien. [Esta carrera] no es solamente cantar o
tener linda voz, es poder hablar, conversar, tener una cultura
general, para interiorizarse con la gente a cada sitio que se va,
y conocer cómo es la idiosincrasia de ese pueblo. Un artista es
mucho más.
Y creo que esa es
la diferencia de algunos artistas de antes, que conocimos cuando
empezamos, a algunos artistas de ahora. Me parece que se ha desdibujado
un poco el concepto de artista.
También está la compañía
discográfica que ahora solo busca el éxito de una canción y no
la proyección de alguien en sí, de crear un personaje.
Además deben ser
disciplinados y respetuosos con su público. Mantener una línea
de conducta coherente y los pies sobre la tierra, no alejarse de
su familia, de sus afectos, de sus seres queridos, de su esencia.
—¿Cómo falta
a la ética un cantante?
—A
mí me pasa, que de haber admirado a alguien, y decir ‘cómo me gusta
como canta fulano o mengana’, y luego de conocerlos esa voz maravillosa
se desapareció. Pues no tolero la falta de humildad, la arrogancia,
la omnipotencia. Creerse superiores a los demás, no lo admito y
no me permite respetar a esa persona... y hay muchos así.
—¿Le han propuesto
grabar en solitario, sin incluir a la otra parte de Pimpinela?
—Nos
han propuesto muchas cosas y no lo hemos pensado. Hemos dicho que
no. Las canciones que hemos querido cantar solos, pues lo hemos
hecho en nuestros propios discos. Sí hacemos cosas por separado,
por ejemplo, yo hago trabajos como actriz. En octubre pasado he
estado rodando una película entre República Dominicana y Buenos
Aires, que se estrenará en mayo. He participado en comedias y en
telenovelas de Latinoamérica, en tanto mi hermano ha hecho y sigue
haciendo trabajos como productor discográfico, además de mánager
de Lola Ponce, cantante que se ha radicado en Italia con un éxito
impresionante en la comedia musical Notre Dame de París,
que produjo y creó Ricardo Cocciante.
Hacemos cosas por
separado, que nos gusta, por vocación, pero nuestra prioridad es
Pimpinela.
Afirma sentirse contenta,
sin pendientes. Le gustaría, en lo profesional, atender una comedia
musical más adelante. En lo personal, “me hubiera gustado tener
otro hijo, pero me divorcié y no se dio. Luego llegaron los viajes,
las giras”.
Una balada para recordar
Las interpretaciones
teatrales de Pimpinela son, definitivamente, parte de la historia
musical de América Latina. Baladas con letras donde el amor, la
esperanza, el desengaño y la pérdida del amor llegaban al primer
lugar en las listas de popularidad en la voz de Lucía y Joaquín
Galán.
Y por esa experiencia
le preguntamos si la balada seguía vigente, y nos contestó que “hay
que hacer de todo para que la balada siga vigente”.
Sostiene que “por
más que algunos medios de comunicación crean que pasó de moda,
creo que todos cuando nos enamoramos necesitamos de una canción
lenta...”, señala, y con una sonrisa pícara recuerda que no se
imagina en un restaurante, con una velita, tratando de seducir
a alguien y “sonando una canción de heavy metal a todo lo
que da...”, y aunque le gusta el heavy metal, es música
para otro momento. Lucía sigue apostando por las baladas.
Comentó que hace
algunos días hablaba con su hermano Joaquín y otros artistas, que
las baladas de hace 10 años, con compositores como Manuel Alejandro,
Pérez Botija, Juan Carlos Calderón, tienen “una enorme diferencia
en cuanto a calidad, a letras, a música”, a lo que se ofrece hoy,
aunque si bien ahora, con “intérpretes maravillosos como puede
ser Juanes, quien ha revolucionado la música y dice cosas de otra
manera, yo sigo apostando por esas baladas”, dice.
Lucía Galán apuesta
y asegura que seguirá fiel al romanticismo y a bailar lento en
alguna discoteca y “por que vuelva todo ese juego tan lindo y romántico”,
apunta con una sonrisa.
Hermanos y familia
Lucía y Joaquín viven
en Buenos Aires con sus familias, aunque se trasladan por una temporada
a la casa que tienen en Madrid, España.
Cuando su hija, Rocío
Luna, era pequeña se la llevaba de gira y recuerda “las mudanzas
de cada viaje con mi hija... por lo exagerada [que soy] yo”. Ahora
la permanencia en Buenos Aires, explica Lucía, se debe al inicio
de la vida escolar de su hija de ocho años así como los estudios
de su sobrino de 14 años. Esta situación familiar les obliga a
mantener giras más cortas, “ya estamos más selectivos a la hora
de decidir cuánto tiempo vamos y a dónde vamos”, señala.
Admite que no pasa
más de 15 días fuera de Argentina, tiempo en que la niña se queda
con el padre, del que está divorciada y con el que mantiene una
excelente relación, explica Galán, pero su apuro se debe a “quiero
disfrutarla y verla crecer”.
—¿Qué es un
hermano?
—Es
un mal necesario. Hay que trabajar las relaciones, ya sea con un
hermano, un compañero, un marido, de socios y padre. En mi caso,
puedo decir que mi hermano ha sido mi sostén en muchos momentos
difíciles de mi vida. Es una persona con la que me divierto mucho
trabajando, apuntamos los dos hacia los mismos objetivos, que es
amar nuestra profesión y al público.
Somos muy obsesivos,
exigentes y perfeccionistas en cuanto al trabajo y no entiendo
cuando alguien dice: ‘Uuh a mi hermano no lo veo hace cuatro años
o no le hablo por teléfono’. Ese tipo de relación no la entiendo
y quizás esa persona no entienda la nuestra, pero es la que tenemos
y es la que nos gusta tener.
Desamor
La favorita
¿Es más fácil
pelearse que amarse?
“Creo que es más
difícil amarse que pelearse. En cada disco compacto de nuestra
historia musical había una o dos canciones “de pelea”, pero éstas
eran las que más impacto causaban, las que más difundían en la
radio, eran las que más despertaban cosas en la gente y evidentemente
ha quedado como si nos hubiéramos peleado 23 años.
Nosotros le cantamos
al amor, a todo lo bueno que nos da el amor así como a todo lo
que el amor nos quita. Sinceramente, la base de todo lo que hemos
hecho en estos años, fue la mezcla de estas canciones cotidianas,
dialogadas y actuadas como pequeñas obras de teatro arriba del
escenario”.
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