|
Frágil humanidad
Con 36 años, Gustavo Kraselkik es un joven rabino que con aires de cambio llegó a Panamá, donde ha visto crecer su familia y en estos momentos prepara la fiesta de Sucot. Flor Mizrachi
¿Qué cambios ha efectuado en la comunidad judía de Panamá?
En Kol Shearit hay una mayor disponibilidad de espacios para aprender, estudiar y vivir las prácticas del judaísmo como congregación, familias e individuos. Hay un mayor acercamiento y recuperación de las tradiciones religiosas, renovación del entusiasmo por el conocimiento de la sabiduría judía y un compromiso por practicar todo esto.
¿Qué tanta influencia cree que tiene la comunidad judía en Panamá?
Creo que es y ha sido una comunidad que ha aportado mucho a la vida nacional en el campo cultural, político, comercial y empresarial. La comunidad judía está en Panamá desde antes de la existencia de la República, y muchos de sus miembros han participado incluso de la separación de Colombia y se han destacado en distintas áreas de la vida nacional, como en la creación del Cuerpo de Bomberos, la Orquesta Sinfónica, la Marcha Panamá, y con ex presidentes de la República.
¿Qué diferencias tiene la comunidad judía de aquí con la de los otros lugares?
Posiblemente que la mayoría de sus miembros son originarios de la zona de Medio Oriente. Es una de las comunidades que trata de mantener sus costumbres y vive su judaísmo plenamente, pero ese es un fenómeno de muchas partes. Acá se mantienen tres comunidades que tienen que ver con el origen de los distintos grupos migratorios... pero eso está en otros países también.
Cuéntenos algo de la próxima fiesta de los judíos.
La fiesta de Sucot evoca las cabañas en las cuales vivieron los judíos durante 40 años en el desierto. La fiesta tiene también un componente agrícola, porque era al final de la época de las cosechas y se le agradecía a Dios por los frutos obtenidos. Pasar estos días de fiesta viviendo en una choza nos recuerda la fragilidad de la experiencia humana. A veces el hombre en sus torres de cemento cree que es imbatible. Sucot sirve para que nos encontremos con ese lado frágil de la vida humana.
¿Qué es lo que no puede dejar de hacer antes de irse de Panamá?
Estoy muy bien aquí, tengo un hijo panameño y no me planteo irme de aquí todavía. Nos falta inaugurar la sinagoga que estamos construyendo —el año próximo— y seguir educando a nuestros niños y jóvenes para que crezcan con una sólida identidad judía, trabajando por los valores que la tradición judía enseña, y comprometidos con su sociedad.
Si pudiera dedicarse a otra profesión, ¿a cuál sería?
Estudié administración, pero no lo ejercería. Posiblemente sería periodista, porque me gusta el tema de investigar y tratar de buscar la verdad.
|