Publicado el Viernes 25 de julio de 2008
  Edición No. 956
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¡Ojo con el botox!

Es el terror de las líneas de expresión, y una de las herramientas estrella en la medicina estética. Aunque hay quienes no tienen buenas experiencias.

MARÍA DEL PILAR MÉNDEZ

Botox es un medicamento producido y registrado por la empresa Allergan de Irving, California. Por ser la primera, a todas las marcas se les llama igual.

Toxina botulínica es el nombre genérico y correcto para esta droga que actúa sobre los músculos, relajándolos y evitando la formación de arrugas de expresión, rejuvenenciendo el rostro.

Desde la década de 1980, su uso en la medicina estética y de allí su utilización ha ido en crecimiento. Tanto así, que cada vez es más común escuchar a una compañera de trabajo decir que va a quitarse años con el ‘botox’.

Aunque es ampliamente usado en la cosmética y con buenos resultados, la ecuación parece no ser perfecta.

Giobelis, de 37 años y residente en Santiago de Veraguas, no tuvo una buena experiencia con la aplicación de la toxina. ‘Tengo dos líneas de expresión en la frente, así que hace un año fui a una clínica para aplicarme el tratamiento. No vi cambio alguno en los días siguientes y llamé a la doctora para saber qué pasaba; me dijo que esperara de 15 a 22 días y si no pasaba nada que regresara’.

Pasó el tiempo y tuvo que regresar no sólo esa vez, sino en tres ocasiones más para no ver resultado alguno. De tantas idas y vueltas el gasto ascendió, dice Giobelis, a los 500 balboas, y decidió que no seguiría gastando sus ahorros en el asunto.

Por esto, consultamos a Zila Díaz de Espinoza, dermatóloga, quien indica que, aunque no es común, hay personas que son resistentes a la toxina botulínica tipo A, que es la única aprobada para uso cosmético.

‘Hay que esperar siete días para que la toxina surta efecto. Si la persona es dependiente de la toxina, el tiempo de espera puede ser de 14 días antes de decir que no funcionó y hay que esperar un mes para volver a inyectar’.

Existen ocho tipos de toxinas botulínicas, siendo la A la más potente, pero las otras siete aún están en estudio para saber si podrían funcionar cuando la tipo A no lo haga.

Díaz de Espinosa reconoce que existen efectos secundarios por la aplicación de la toxina y obedecen a muchas circunstancias. ‘Aún bien dosificada, diluida y conservada, y aplicada por un experto, la toxina se puede mover a otros músculos cercanos. Lo más común es la caída del párpado. He tenido algunos casos y los refiero a una estimulación eléctrica del músculo, como una fisioterapia’.

También hay personas que se quejan de mareos, dolores de cabeza, resequedad en los ojos, migrañas, visión doble. Sólo se puede esperar a que el efecto pase.

> A tener en cuenta

La doctora señala que luego de la aplicación, el especialista debe dar una serie de recomendaciones, entre ellas, mantener la cabeza erecta por cuatro horas después de la aplicación, pues así se evita que la toxina se mueva. Además, no tomar sol.

De la toxina botulínica se usan cantidades mínimas y diluidas en solución salina, ya que viene en polvo. Produce una acción inmunológica pues es una proteína que va creando anticuerpos y se puede medir su aumento (de los anticuerpos) si se usa mucha toxina.

La dosificación dependerá del sexo del paciente. Los músculos femeninos son más delgados, por ende necesitan menos toxina botulínica, mientras que los hombres tienen músculos más gruesos y necesitan más.

También dependerá de la marca, dice Díaz de Espinosa. En algunas se necesita más producto para lograr el efecto.

La toxina, una vez preparada, según algunos especialistas puede conservarse no más de siete días, mientras que otros dicen que 48 horas máximo.

La doctora señala que es importante entender que la toxina sólo se usa para arrugas de expresión y no para las de envejecimiento cutáneo como las del cuello, las manos y otras partes del cuerpo. Para esas se recomiendan tratamientos como la dermoabrasión, peeling, láser, entre otros.

> ¿Quién la pone?

Zila Díaz de Espinosa afirma que sólo los dermatólogos, cirujanos plásticos, neurólogos y neruocirujanos deben aplicarla, pues la toxina también se usa para tratar enfermedades neurológicas.

El gremio de dermatólogos panameños está en contra de que personas no idóneas la apliquen en salones de belleza, a domicilio e incluso en hoteles. Al presentarse complicaciones, muchas veces estas personas han desaparecido.

La doctora también se refiere a los cosmiatras. Indica que son médicos generales que toman cursos de cosmiatría en el extranjero, pero no cuentan con la experticia que adquiere el dermatólogo durante sus tres años de residencia en esa especialidad, mientras que los cosmiatras obtienen su título en un año.


 
 
 
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