Magali Arriola
Un acercamiento con el arte de hoy
La curadora de la VIII Bienal de Arte de Panamá habla sobre cómo surgió su interés en el arte y en la Zona del Canal.
Esther M. Arjona
La casualidad, dice Magali Arriola, fue la causante de que ella hiciera del arte su profesión.
‘Decidí estudiar afuera, en Francia, y más bien por un interés de conocimiento general decidí estudiar historia del arte. En un momento pensé que estudiaría relaciones internacionales, pero finalmente me quedé en lo que había empezado, me fui quedando, me fui interesando, que es como la mayoría de la gente se aproxima al arte’.
Arriola volvió a su natal México con una licenciatura y una maestría en historia del arte.
Luego, como ella misma cuenta, ‘distintas circunstancias me fueron llevando a organizar exposiciones, entonces fue que empecé a trabajar la curaduría como tal’.
En aquel entonces no existía una especialización en curaduría pero poco a poco el trabajo con artistas en la organización de exposiciones desarrolla una plataforma.
>¿Cuál es el reto de este oficio?
‘Retos hay muchos y el arte no es una disciplina científica, aunque tiene un respaldo histórico y teórico muy específico detrás. Es una cuestión de personalidades; hay a quienes les interesará hacer una investigación histórica muy concreta; a algunos les interesará producir obra, trabajar con artistas contemporáneos, lo que conlleva una metodología y forma de proceder muy distintas; hay gente que está más interesada en lo educativo; cada uno de esos rubros representa grandes desafíos’, afirma.
Arriola laboró como investigadora en el Centro Cultural Arte Contemporáneo y en el Museo Rufino Tamayo de México, como curadora en el Museo de arte Carrillo Gil, y como curadora visitante del CCA Wattis Institute for Contemporary Art en la ciudad de San Francisco, Estados Unidos. Además, tiene un extenso currículum como curadora independiente, que incluye su trabajo en la VIII Bienal de Panamá que se presenta hasta el 21 de octubre.
>La bienal y la Zona
Su visita a Panamá también está relacionada con esas casualidades que tiene la vida.
‘Vine por primera vez en 2003, estuve de vacaciones por invitación de un amigo. Esa fue mi única y primera relación con Panamá’, recuerda.
En aquella ocasión conoció al director general de la bienal panameña, Walo Araújo, quien años después la contactó para que se encargara de la curaduría de la exposición de la octava bienal.
‘Antes de mi primer viaje no tenía ninguna referencia de la Zona del Canal. Luego, cuando vine por primera vez, la descubrí y la segunda vez me interesó más, por mil razones; tanto por lo que representa a nivel local como afuera. El concepto colonialista de la Zona no sólo es importante para el panameño, sino también por la presencia militar estadounidense en las bases que se han establecido en muchos lugares. Me pareció un tema muy interesante’, comenta la curadora.
Por eso, ‘entrar a la Zona del Canal’, fue el tema seleccionado para la bienal.
‘Queríamos que esta bienal fuera importante no solo para el país, sino internacionalmente; también en parte por un deseo de ampliar el diálogo con los artistas que participarían’, dice Arriola. También por eso se quiso invitar a artistas internacionales.
A diferencia de otras bienales, los artistas no presentaron obras para participar. ‘Me interesaba trabajar con artistas, no con obras, por eso la selección de artistas panameños se hizo a través de una convocatoria abierta en la que se les solicitó su carpeta para hacer una evaluación de su trabajo’.
En el caso de los artistas internacionales, los parámetros fueron otros. Debía ser gente que le interesara el tema o alguien en cuyos trabajos se hubiese manejado contenido histórico.
Se estableció un planteamiento inicial que fue compartido con los artistas. ‘Hablamos de la Zona y lo que representaba, ellos trabajaron basados en el planteamiento y se empezó a dar un diálogo’, comenta.
Cada uno de los artistas desarrolló entonces un concepto y todos ellos dieron como resultado la exhibición ‘El dulce olor a quemado de la historia’.
‘El proceso de montaje fue muy difícil’, sostiene la curadora. ‘Hubo limitaciones en las instalaciones físicas, presupuesto, falta de personal, cosas que en muchos lugares están aseguradas y que representan la estructura mínima, acá no funcionaron’, comenta. Sin embargo, pese a las complicaciones, Arriola se siente satisfecha con el resultado final.
‘Estoy muy contenta por la exposición, toda la obra que se produjo, el resultado fue muy bueno, pero las repercusiones ya son más a largo plazo. No creo que me toca a mí evaluar los logros, eso les toca a ustedes’, asegura.
>¿Qué es arte?
La VIII Bienal de Arte de Panamá es un muestrario completo de manifestaciones de arte moderno, lo que nos da pie a preguntar a su curadora, ¿qué es arte?
‘No creo que haya una definición única, hay muchas maneras de percibir arte y muchas maneras de hacer arte. Finalmente la historia del arte nos ha demostrado que ha habido mil cambios, no solo estamos hablando de géneros como la pintura o la escultura, sino de géneros como la instalación, el video, el sonido, y ninguno de estos géneros existe de manera aislada, sino que ha habido como muchas filtraciones entre géneros’, indica.
Para entenderlos es importante, según Arriola, ‘conocer de historia del arte; las cosas no salen de la nada, ninguna buena obra de arte es improvisada’. Una obra debe estar muy bien pensada y con referencias de piezas que se han hecho anteriormente.
En un museo, opina Arriola, es importante implementar un programa educativo muy fuerte que ofrezca información básica sobre historia del arte ‘para entender de dónde vienen los conceptos y cómo se han desarrollado. Además, cada exposición debe desarrollar un programa mínimo que dé las herramientas para ver en dónde se localiza esa exposición dentro de la historia del arte y en un contexto más amplio de lo que es el arte contemporáneo actualmente y tener referencias de lo que se está haciendo afuera en materia de arte’.
Pero esto no significa que una obra de arte deba exponer toda su información de forma muy literal para ser entendida.
‘Una obra debe ser lo suficientemente fuerte y potente para producir un efecto, pero no forzosamente tiene que tener toda la información machacada y digerida’, comenta.
‘Incluso para mí una obra de arte no es buena cuando es una representación literal de lo que pretende decir; la diferencia está en poder generar algo más allá de una simple representación o ilustración de algo’, dice. No obstante, la información mínima debe estar al alcance.
>Pregunta a pregunta
—¿Es difícil trabajar con arte?
—Sí, pero es como todo, una cuestión de disciplina. Una obra o una exposición no es un invento que sale de la nada, no es una improvisación. Hay que desarrollar una disciplina, una metodología propia para trabajar con arte.
—¿Es difícil trabajar con artistas?
—Sí, es difícil, porque en general todos tenemos una percepción específica de las cosas y siempre hay limitaciones; tienes que ver cuáles son las posibilidades reales, negociar con los artistas, hacer ajustes a los proyectos, son cosas muy delicadas y hay que tener mucho interés y visión para poder negociar y que el resultado sea favorable para todas las partes.
—¿Cambia el arte según la geografía?
—No, un contexto le da información a la obra de arte, pero eso no quiere decir que el arte se haga de forma distinta en otros lugares.
—¿Hacia dónde va el arte?
— No hay manera de saberlo, no soy vidente y no me interesaría saber el final de esta historia, aunque no creo que tenga un final ni una direccionalidad. Es parte del interés que tiene para mí el arte, todas las sorpresas que pueda generar y las que cada obra despierta, una tras otra. |