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Cambio radical
Un amante apasionado ama hasta los defectos
de la persona a quien ama. Jean-Baptiste
Poquelin Molière
Los medios de comunicación dieron la noticia de que por primera
vez en la historia del canal de televisión por satélite qatarí Al
Yazira, una presentadora de sus boletines informativos apareció en
pantalla con la cabeza cubierta con el tradicional hiyab.
Con un hiyab de color naranja,
un tipo de pañuelo asociado con
el conservadurismo, salió en pantalla la famosa periodista de origen
argelino Jadiya bin Kena, quien vestía además una camisa cerrada
hasta el cuello, lo que significa un radical cambio en el código
de la cadena, que hasta ahora prohibía a sus presentadoras usar
esta prenda, cada vez más extendida en el mundo musulmán.
Hasta la fecha, Jadiya, que
ronda los 40 años y es una de las
presentadoras más veteranas y reputadas de la cadena, había presentado
los boletines con la cabeza al descubierto y elegantemente maquillada.
Jadiya apareció en el informativo con un hiyab de los denominados
militantes, común entre las musulmanas más conservadoras. Su aparición
coincide con el fin del mes sagrado del ayuno islámico o Ramadán,
un periodo de piedad y oración durante el cual muchas mujeres deciden
vestir el pañuelo en señal de religiosidad y respeto.
Al Yazira es uno de
los dos canales de televisión por
satélite más importantes del mundo árabe y su influencia es muy
grande en la sociedad de Oriente Medio.
Mortalidad materna
Para el director del Centro
Latinoamericano de Perinatología
(CLP), el argentino José Belizán, el alto índice de mortalidad
materna en el momento del parto se deben principalmente a las ”desigualdades
socioeconómicas”.
Según un estudio de la organización, en América Latina es 10
veces mayor que las registradas en Estados Unidos y Canadá.
El CLP impulsa planes de desarrollo y de mejora de los servicios
de la salud y forma parte de los planes de la OPS.
“Las desigualdades entre los países de América Latina y de propias
zonas o provincias de cada país reflejan en forma abrumadora las
diferencias y lo demuestran las estadísticas”, dijo Belizán.
“Son las clásicas diferencias de país rico, país pobre, pero
además es donde prevalece la negativa distribución de ingresos,
lo cual determina que también en los servicios de salud para ser
atendidas sean diferentes”, agregó.
El informe destaca que mientras
que en América Latina y el Caribe
fallecen como promedio 93 madres cada 100 mil nacidos vivos, en
Estados Unidos y Canadá mueren solo nueve.
En Haití las muertes maternas son 58 veces más que en Estados
Unidos y Canadá; en Bolivia 42, en Paraguay y Guatemala 17 y en
Colombia, Honduras y El Salvador 13 veces más con respecto a Estados
Unidos y Canadá.
En otras regiones, el menor
es Chile con 18,7, luego sigue Uruguay con 28, Argentina con
43,5, Brasil con 44,9, Venezuela con 67,2,
México con 76,9 por cada 100 mil nacidos.
En la región centroamericana, el informe destaca a Panamá con
71,3, mientras la mayor tasa se registra en Guatemala con 153 muertes
maternas y Costa Rica tiene el menor índice con 38 fallecimientos.
Prioridad mundial
El informe Ni un minuto
más: Poner fin a la violencia contra
las mujeres, divulgado por el Fondo de las Naciones Unidas
para la Mujer (UNIFEM), anota que la desigualdad de géneros es
la causa principal para la continua escalada de violencia contra
el sexo femenino.
“Debemos hacer que la erradicación de la violencia contra las
mujeres una prioridad importante a nivel mundial”, destacó Noeelen
Heyzer, directora de UNIFEM.
Explicó que se han hecho esfuerzos en esta dirección que han
tenido resultados, como reformas legales y políticas, campañas
de concienciación y la creación de servicios para mujeres maltratadas.
Aún así —destacó— no parece que el número de actos de violencia
contra las mujeres sean inferiores a los de hace una década, y
parece “que estemos bajando los peldaños de una escalera”.
Reconoció que hay procesos y estructuras que generan violencia,
y que la única manera de romperlos es que las mujeres tengan voz
y poder para hacer valer sus prioridades en un mundo cada vez más
violento.
Para ello —subrayó— las mujeres deberían tener igualdad con el
hombre en el acceso a la propiedad, el empleo y el mismo salario,
así como poder tener el mismo poder político y la misma educación.
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