Publicado el viernes 28 de noviembre de 2003 - Edición No. 721 | Inicio | e-mail | Foros | Favoritos | Buzón | ? |
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Cambio radical

Un amante apasionado ama hasta los defectos de la persona a quien ama. Jean-Baptiste Poquelin Molière

Los medios de comunicación dieron la noticia de que por primera vez en la historia del canal de televisión por satélite qatarí Al Yazira, una presentadora de sus boletines informativos apareció en pantalla con la cabeza cubierta con el tradicional hiyab.

Con un hiyab de color naranja, un tipo de pañuelo asociado con el conservadurismo, salió en pantalla la famosa periodista de origen argelino Jadiya bin Kena, quien vestía además una camisa cerrada hasta el cuello, lo que significa un radical cambio en el código de la cadena, que hasta ahora prohibía a sus presentadoras usar esta prenda, cada vez más extendida en el mundo musulmán.

Hasta la fecha, Jadiya, que ronda los 40 años y es una de las presentadoras más veteranas y reputadas de la cadena, había presentado los boletines con la cabeza al descubierto y elegantemente maquillada.

Jadiya apareció en el informativo con un hiyab de los denominados militantes, común entre las musulmanas más conservadoras. Su aparición coincide con el fin del mes sagrado del ayuno islámico o Ramadán, un periodo de piedad y oración durante el cual muchas mujeres deciden vestir el pañuelo en señal de religiosidad y respeto.

Al Yazira es uno de los dos canales de televisión por satélite más importantes del mundo árabe y su influencia es muy grande en la sociedad de Oriente Medio.


Mortalidad materna

Para el director del Centro Latinoamericano de Perinatología (CLP), el argentino José Belizán, el alto índice de mortalidad materna en el momento del parto se deben principalmente a las ”desigualdades socioeconómicas”.

Según un estudio de la organización, en América Latina es 10 veces mayor que las registradas en Estados Unidos y Canadá.

El CLP impulsa planes de desarrollo y de mejora de los servicios de la salud y forma parte de los planes de la OPS.

“Las desigualdades entre los países de América Latina y de propias zonas o provincias de cada país reflejan en forma abrumadora las diferencias y lo demuestran las estadísticas”, dijo Belizán.

“Son las clásicas diferencias de país rico, país pobre, pero además es donde prevalece la negativa distribución de ingresos, lo cual determina que también en los servicios de salud para ser atendidas sean diferentes”, agregó.

El informe destaca que mientras que en América Latina y el Caribe fallecen como promedio 93 madres cada 100 mil nacidos vivos, en Estados Unidos y Canadá mueren solo nueve.

En Haití las muertes maternas son 58 veces más que en Estados Unidos y Canadá; en Bolivia 42, en Paraguay y Guatemala 17 y en Colombia, Honduras y El Salvador 13 veces más con respecto a Estados Unidos y Canadá.

En otras regiones, el menor es Chile con 18,7, luego sigue Uruguay con 28, Argentina con 43,5, Brasil con 44,9, Venezuela con 67,2, México con 76,9 por cada 100 mil nacidos.

En la región centroamericana, el informe destaca a Panamá con 71,3, mientras la mayor tasa se registra en Guatemala con 153 muertes maternas y Costa Rica tiene el menor índice con 38 fallecimientos.


Prioridad mundial

El informe Ni un minuto más: Poner fin a la violencia contra las mujeres, divulgado por el Fondo de las Naciones Unidas para la Mujer (UNIFEM), anota que la desigualdad de géneros es la causa principal para la continua escalada de violencia contra el sexo femenino.

“Debemos hacer que la erradicación de la violencia contra las mujeres una prioridad importante a nivel mundial”, destacó Noeelen Heyzer, directora de UNIFEM.

Explicó que se han hecho esfuerzos en esta dirección que han tenido resultados, como reformas legales y políticas, campañas de concienciación y la creación de servicios para mujeres maltratadas.

Aún así —destacó— no parece que el número de actos de violencia contra las mujeres sean inferiores a los de hace una década, y parece “que estemos bajando los peldaños de una escalera”.

Reconoció que hay procesos y estructuras que generan violencia, y que la única manera de romperlos es que las mujeres tengan voz y poder para hacer valer sus prioridades en un mundo cada vez más violento.

Para ello —subrayó— las mujeres deberían tener igualdad con el hombre en el acceso a la propiedad, el empleo y el mismo salario, así como poder tener el mismo poder político y la misma educación.



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